martes, 1 de noviembre de 2011

LA VERDADERA HISTORIA DEL CARTERO Y SU MOTO. (3)



Lejos, muy lejos, quedan los días de la burbujeante bonanza económica que amenazó con anegarlo todo y a todos, y en la que solíamos zambullirnos, alegre e inconscientemente, la mayoría de los mortales que habitamos este país de ingratos, este mundo de almas tristes e ignominiosas.

Más lejos, si cabe, quedan los días de esplendor físico y mental del que disfrutó este cuerpo que habito, y al que ya, a duras penas, le queda recorrido. Y, puestos a recordar, aún retengo vagos e inconexos recuerdos de lo que parece ser una excéntrica, agitada y dolorosa existencia paralela, vivida en un lejano universo situado a años luz de la realidad y sumergido en las oscuras tinieblas del olvido.


Uno de esos fragmentados recuerdos hace referencia a una extraña e indecorosa desviación sentimental, sí, he de reconocer lo que algunos comentaron en su momento: que era una verdadera relación sexual, algo morbosa y depravada; pero yo no creo que la cosa llegase tan lejos, la gente suele recrearse en sus propias fantasías para rellenar el espacio que queda entre el conocimiento de la realidad y la realidad tal como es. Y, la verdad es que ahora que el tiempo ha levantado un muro entre ese momento pasado y el presente, tengo la sensación de que sólo fue una buena amistad, consolidada gracias al roce diario y la necesidad de unir esfuerzos por un bien común... ¿No cuela? Bueno pues pasemos a relatar los hechos tal como sucedieron.


Al principio, la relación entre mi moto y yo no fue nada fácil, muchos no daban un duro por nosotros, augurándonos un doloroso y trágico final, pero la realidad fue muy diferente. Pese al tiempo transcurrido aun suelo percibir entre mis piernas la caricia sintética del asiento de eskay, ese suave y sensual tacto que me acompañaba diariamente y me aliviaba del monótono ajetreo del reparto carteríl. Mis oídos aún conservan, como un ligero ruido de fondo, el agradable ronroneo con el que el motor de mi querida y añorada Bety alegraba mis jornadas de trabajo.

La simbiosis entre nuestros organismos se fue adaptando lenta pero sólidamente hasta llegar al clímax de la compenetración. Aunque parezca algo antinatural, la verdad es que existió entre nosotros una simbiosis muy especial, la unión máquina-humano quizás alcanzó con nosotros el punto más álgido del que se ha tenido conocimiento hasta el momento. Años después la tecnología permitió que partes del cuerpo humano pudiesen ser sustituidas por prótesis artificiales, algunas de ellas parcialmente mecanizadas con las que se conseguían movimientos casi naturales, pero ese nivel de compenetración humano-maquina no se acercó ni de lejos a la relación que nos unía a nosotros.


En aquella época las prioridades que regían mi existencia eran simples: Jack Daniel's, el curro y Bety y, además, por ese orden. La bebida me permitía evadirme de la mierda de mundo en el que me había tocado vivir; el trabajo me permitía seguir bebiendo, y Bety me empujaba a regañadientas a continuar viviendo, a mantenerme más o menos cuerdo en este valle de lágrimas, en este árido e inmundo barrizal en el que se había convertido el mundo que me rodeaba. Tan solo conociendo el panorama que regía mi deteriorada mente se podía entender como la relación con mi moto había llegado a ese extremo, para mantener la cordura en una situación así había que hilar muy fino, el equilibrio entre la realidad y la locura se podía quebrar con facilidad y, aferrarse a cualquier objeto, idea o sentimiento que te mantuviese a flote era la única alternativa, el abismo que se abría a mis pies era tan profundo y tan oscuro que me atraía sin remisión, y caer en la vorágine de la autodestrucción era mucho más fácil de lo que creía.


Ahora, años después me veo inmerso en una decadente jubilación, la botella me sigue acompañando, el trabajo de repartir correo pasó a mejor vida el día en el que el gobierno privatizó los servicios postales y la tecnología invadió tanto los hogares como las empresas, haciendo que la red global se infiltrase en todos los rincones del planeta, relegando el correo tradicional, primero al ostracismo y después a la extinción.


Y qué decir de mi vieja moto Bety, los kilómetros y el mal huso pudieron con su vetusta mecánica. Antes de llegar hasta mí, pasó por innumerables manos que la trataron sin excesiva consideración, lo que provocó que acabase convertida en una vespa veterana, una moto curtida en el viejo arte del reparto diario, las calles dejaron de tener secretos para ella, y ella con el transcurrir del tiempo me mostró la verdadera cara de la ciudad, los rincones ocultos del alma de la urbe, allí donde se cuecen las historias y se cocinan las leyendas. Allí donde el caos se armoniza y el cosmos se hace realidad.


Me siento cansado, la vida no me ha dado tregua y los recuerdos afloran en cuentagotas por mi maltrecha cabeza, los pensamientos se ralentizan como si estuviesen atrapados en un lodazal que, voraz y despiadado, trata de engullirme lenta y angustiosamente hacia lo más profundo de sus oscuras entrañas.


Los párpados me pesan incluso más que el alma. Siento que las fuerzas me abandonan y que la encabronada resistencia que había plantado a la Muerte se va diluyendo en un mar de agotamiento.


Cuando desaparece la esperanza, ese primigenio regalo olvidado en las entrañas de la caja de la primera mujer, sólo nos queda la resignación... Y la muerte.

7 comentarios:

  1. «¡Una vespa!¡Una vespa! Mi reino por una moto».
    Y aún estoy medio grogi con el relato, que casi me da miedo y luego me ha hecho reír.
    Esa moto igual es un símbolo de nuestros tiempos, o igual es un símbolo de transformación, de lo viejo a lo nuevo, del servicio público a las privatizaciones que lo engullen todo, hasta los individuos.
    Saludos.

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  2. Tanto las máquinas como los "orgánicos", tenemos nuestro "ciclo vital".
    Me han gustado los tres.
    Un saludo.

    http://areku-desingblog.blogspot.com/
    http://www.brushartdesigns.es/

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  3. Siempre nos quedará el Bryce 3D

    Saludos:
    Jordi
    http://gobekli-tepe.blogspot.com/

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  4. Hola Rapanuy.

    Pasa por mi blog. Tienes que recoger un premio.

    Saludos.

    http://areku-desingblog.blogspot.com/
    http://www.brushartdesigns.es/

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  5. Que buen texto, me ha recordado en algunas cosas al carteto de bukowski.
    La foto preciosa.
    Saludos

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  6. Oye, que cuando era cartero y repartía sobre una vespa como la que muestras aquí, no era así, eh. Era peor. Pero lo mejor de todo, tras leer tu historia, tras pasear con esa vestida de amarillo, tras repartir unos cuantos paquetes sin destinatario, es llegar a los comentarios. El paseo ha sido la mar de agradable... sí, y la literaturiedad tuya, muy fluida... Pero que te comparen con Bukowski no tiene precio.
    Sé que me estás esperando en el Lapsus para un café, ya he mandado a Neus para que te acompañe mientras termino este comentario. Ve preparando el dinero para invitarme.

    Ah, por cierto, debes seguir con esta literatura epistolar, o CORREOSa, o lo que sea, vamos... Pero eso sí, ahora tendrás que leerte algo de Bukowski por narices, o por cojones.

    Te recomiendo del viejo Hank; CARTERO, FACTOTUM, LA SENDA DEL PERDEDOR y, como no, LA MÁQUINA DE FOLLAR.

    Voy a por ese café.

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  7. Interesante sitio, me gustaría intercambiar enlaces, Tumbas de Famosos

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