jueves, 6 de mayo de 2010

EL PLANETA ERRANTE




Durante años la comunidad científica lo ha ido advirtiendo. Los viejos chamanes, imbuidos en sus etílicos trances, vislumbraron la catástrofe. Los gurús lograron, hace generaciones, descifrar los gravados de las antiguas piedras rúnicas y se dedicaron en cuerpo y alma a transmitirlo. Estaba escrito con sangre en el Necronomicón. Lo profetizaban los textos védicos indios y miles de otros escritos antiguos. Algunos quiromantes lo leyeron tatuado en los surcos de las manos y, una y otra vez, siempre que lanzaban las cartas del azar estas revelaban el mismo resultado: “un destino horrendo le depara al tercer planeta anclado en una orbita elíptica alrededor del Sol que se desprenderá de su atracción para vagar libremente por el espacio y atravesar la galaxia convertido en un inmenso ataúd”…La vida esta condenada en este planeta errante.

Al conocerse la constatación de la noticia, a través de los medios oficiales, el caos se apoderó de las calles, la anarquía se extendió por doquier y la ley del más fuerte imperó, durante un tiempo, sobre el planeta. Finalmente el equilibrio se impuso de nuevo, gracias al descubrimiento de un grupo de científicos que propuso, ante la imposibilidad de remediar la catástrofe, un proyecto audaz para salvar momentáneamente el planeta, hasta encontrar una solución permanente.

Miles de científicos, reunidos en el mayor bunker de investigación construido hasta la fecha, idearon cientos de propuestas para evitar el trágico fin. Tan sólo una propuesta parecía viable, planteando lo que se presagiaba como una tarea titánica y sin resultado asegurado, pero…La esperanza es la única reliquia divina que permanece en el ser humano y que nos empuja, constantemente, a continuar nuestro extraño camino por esta fascinante y caprichosa existencia.


Sin tiempo que perder millones de personas en todos los rincones del planeta se pusieron manos a la obra en lo que seria la mayor construcción jamás realizada sobre este viejo y condenado mundo, ahora, con fecha de caducidad.


El primer objetivo a cumplir era: soltar al espacio grandes placas acristaladas que se mantendrían flotando en el cielo a cierta altura y que en un momento dado se ensamblarían formando una especie de bóveda protectora que cubriría gran parte del planeta, permitiendo que cuando éste se alejase del sol, la débil luz que, exigua, conseguía atravesar nuestra atmósfera, pudiese retenerla ayudados por el efecto invernadero de la bóveda, y de esta manera mantener la temperatura del planeta por encima del umbral de glaciación. Gran parte del planeta viviría una glaciación permanente, pero una parte importante mantendría un clima templado que permitiría que la vida continuase y con ella la esperanza de todo un planeta.


Pero no podíamos permitirnos vagar a la deriva dejando nuestras vidas en manos del azar, por lo que se decidió construir un rudimentario pero eficaz modo de dirigir el planeta y conducirlo hacia un lugar remoto y seguro en el interior de la galaxia.


“Situado en el borde de la galaxia nuestro sistema solar perecerá debido a un cataclismo galáctico de imprevisibles consecuencias. Pero nuestro pequeño planeta intentará evadirse y buscar una nueva ubicación en otro sistema solar más estable en un punto indeterminado de nuestra galaxia”, el locutor intentaba explicar a la población la magnitud del desastre, al tiempo que repetía, una y otra vez, todas las consignas necesarias para que los habitantes de las zonas más afectadas fueran, paulatinamente, abandonándolas y dirigieran sus pasos hacia las zonas más templadas, en las que se comenzaban a construir gigantescas ciudades dormitorio para poder alojar a la mayor cantidad de desplazados que, además, constituirán la mano de obra necesaria para levantar las enormes bobinas Geo-magnéticas que servirán para dirigir el rumbo del planeta por el inmenso y desolado cosmos.


Tristemente, como lleva pasando desde que el hombre es hombre y se bajo (o se cayo) del árbol para iniciar su recorrido a ras de suelo, las religiones se han aprovechado de la credulidad, la ignorancia, el miedo y la desesperación de las personas para vender su verdad al precio que sea, cueste lo que cueste, y desgraciadamente hay muchas almas que se dejan arrastrar por esta marea de fe y resurrección, de dogma y vida eterna, de paraísos y nirvanas.

Todos pereceremos sin remisión... Sí, pero hoy no…, mañana.
Posiblemente será mañana, ¡pero hoy, no!


Trabajamos hoy para vivir un día más. Para disfrutar de nuestros seres queridos o para encontrarlos si aun no los tenemos. Lucharemos un día más para ofrecer un mañana a las generaciones venideras. No esperamos, amparados en rezos y salmos, que un dios piadoso nos libre del mal, nos allane el camino, nos regale un futuro, ¡no!, somos nosotros, con el esfuerzo diario, los que nos salvaremos, y le escupiremos en la cara a la muerte, al menos, intentando sobrevivir un día más sobre este viejo y destartalado planeta.

El día se acerca y queda aun mucho trabajo por delante…no sé si lo conseguiremos, pero al menos nos mantendremos entretenidos hasta el final.

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