sábado, 13 de febrero de 2010

EL POZO DEL CONOCIMIENTO.





Hace mucho tiempo, cuando la tierra era tan antigua como el recuerdo y éste se hundía en las mismísimas entrañas de Caos, se gestó en la mente de los hombres la primera leyenda conocida.


Esta leyenda fue anterior a los dioses y a los héroes. Fue la leyenda primigenia de la que bebieron durante milenios la mitología, la teología, el paganismo y las creencias tribales que, más tarde, florecieron y arraigaron en lo más profundo de los pueblos ancestrales.


Las crónicas orales desvirtuaron el contenido, pero, afortunadamente, el espíritu perduró y se afianzó en el acervo cultural alimentando la leyenda con infinidad de cautivadoras anécdotas, unas veces reales y otras ficticias.


Según Hesíodo, apólogo de la primera obra de la que se tiene constancia, cuenta en su novela épica “Caída y extinción de los primeros héroes”, como el conocimiento de la narración mitológica le fue dado de manos del ultimo regente de la corte celestial del imperio cainita, y éste, a su vez, se autoproclamó el verdadero receptor de las historias que los titanes, antiguos moradores del planeta, contaban a sus descendientes semi-divinos al calor de las hogueras en aquel arcano y misterioso mundo mitológico.


Los ciclopes y los titanes nacieron con la fuerza devastadora de los descendientes de Gea, salida de la oscuridad insondable de Caos. Pero el peso infinito de Urano sobre el vientre de Gea, durante tanto tiempo, les impedía salir, y ese retraso les afecto más de lo deseado, alterando su capacidad de raciocinio y entendimiento. Contemplada su obra, los creadores, comprendieron que ésta había nacido imperfecta, tarada, incompleta, y decidieron arreglarla y perfeccionarla.


Por más que lo intentaron, no fue posible, el orgullo impedía a las creaciones divinas aceptar su imperfección, su naturaleza casi inmortal les hacia ser vanidosos, y eso les cegaba más aún, impidiéndoles aceptar su imperiosa necesidad de evolucionar y mejorar.


Viendo que seria imposible que sus creaciones se perfeccionaran por si mismas, la dualidad Gea y Urano ingeniaron una sutil artimaña para que sus vástagos consiguieran la tan necesaria y clarividente necesidad de aprender, de conocer, de evolucionar y no permanecer anclados en unos cuerpos y unas mentes imperfectas, pese a su naturaleza divina.


A medio camino entre el mundo físico y el espiritual, al borde mismo del abismo oscuro e insondable del reino eterno e infinito de Caos, Gea creo un paraíso terrenal, donde las divinidades pudiesen descansar y recuperarse de sus heridas, alimentarse, procrear, y sobre todo aprender. Sembraron flores con poderes curativos, plantaron árboles cuyos frutos aliviaban los pecados del mundo, o dotaban al que los tomaba de la inmortalidad. Se construyeron fuentes regadas eternamente por el elixir de la eterna juventud, y sobre todo lo que más valoraban, y a la que más tiempo y esfuerzo dedicaron Gea y Urano fue: el pozo del eterno conocimiento.


El primero en habitar ese vergel paradisíaco, fue Cronos, que después de alimentarse de las diferentes frutas, eternamente maduras (no es cierto, como se comenta por ahí, que fuese carnívoro), y sintiendo una intensa sed se acerco al pozo, y extrajo un agua pura y cristalina, de la que bebió hasta saciarse, por lo que todo el conocimiento del universo inundó sus entrañas. Al poco, los demás seres paridos por Gea fueron poblando el paraíso, algunos comieron, mientras otros bebieron y de esta manera adquirieron diferentes poderes y habilidades.


El conocimiento dio a los dioses un renovado coraje y el valor suficiente para intentar usurparle el poder divino a Urano, el padre todo poderoso. Y se declaro la primera de las batallas de este universo en el que habitamos, y desde entonces el conocimiento a dado alas a los dioses y más tarde a los mortales para entablar disputas a diestro y siniestro por tierra, mar y aire. Convirtiendo nuestro planeta en un eterno campo de batalla, donde todo dios puede partirle una lanza en la cabeza al primero que pase por allí, le mire, o no, mal.


Extraje esta interesante historia de un libro que adquirí en un todo a cien chino, que había debajo de mi casa, y que la poli precintó por no tener los papeles en regla. Nunca tome el libro demasiado al pie de la letra, por aquello de que pudiera ser un cuento chino. Je je je

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails