domingo, 24 de enero de 2010

EL BORRADOR DE HISTORIAS.




Han pasado más de dos milenios desde que aquel extraño y enigmático personaje le otorgó a Ogidnem el inapreciable y terrible privilegio de ser el portador del Borrador.

Doscientos siglos han contemplado como el mal que corroe a la humanidad salpicaba todos los rincones del planeta, ensuciando y oscureciendo, más si cave, las almas putrefactas de unos infelices y atormentados seres que, errantes y melancólicos, deambulan caóticamente sobre la faz de la tierra en pos de un destino incierto.

Por error fue creada la raza humana, y por desidia fue abandonada a su suerte durante milenios en un triste y primogenio mundo en desarrollo. Por alguna razón, hasta ahora desconocida, los Creadores decidieron dar una oportunidad a este pueblo de malditos, a esta raza abominable y estigmatizada que se alejaba de todos los preceptos necesarios para asemejarse a sus creadores.

Los Creadores enviaron al planeta Tierra a los Adoctrinadores, una raza intermedia que enseñó y modificó a los seres humanos para que estos lograsen adquirir un nivel mínimo de conocimiento, al tiempo que pudieran desarrollarse lo suficiente para alcanzar el desconocido objetivo para el que habían sido puestos sobre el planeta.

La tarea de los Adoctrinadores fue realmente titánica. La deficiencia estructural y genética con la que fue dotado el ser humano era lamentable, y la materia prima con la que trabajar fue realmente precaria, pero finalmente se obró el milagro y lo que antaño fue catalogado como un experimento fallido, ahora se convertiría en una ilusionante realidad.

Pero, aunque ilusionante, la raza humana continuo preñada de defectos y debilidades que la conducían sistemáticamente hacia la autodestrucción, la aniquilación y una segura extinción, por lo que debía ser vigilada, controlada y, a veces, guiada hacia su destino.

La labor en la construcción y el desarrollo del universo requería que las razas superiores no prestasen demasiado tiempo en un diminuto e insignificante planeta, y menos en sus tarados y fallidos pobladores, por lo que fueron creados diferentes artilugios que servirían de guía y protección a la raza humana. Uno de estos mecanismos fue el Borrador.

Puesto en manos de un ser desarrollado tenia la capacidad de borrar total o parcialmente la historia escrita u oral de cualquier civilización, y reescribirla, o no, para bien o para mal de las generaciones venideras. De esta manera conseguían adoctrinar al género humano, sesgando la información de manera interesada y dejando solo los conocimientos necesarios para interpretar el pasado e intentar aprovechar esta información para mejorar el futuro y evolucionar.

El Arameo Ogidnem, recibió el Borrador de manos de un egipcio llamado Etnegidni, y a éste se lo entrego un sumerio llamado Odnubagav, que a su vez le fue dado por alguien desconocido, ya que la historia fue borrada, desapareciendo la información sobre éste y otros muchos personajes y hechos históricos de épocas anteriores.

Retales inconexos y deteriorados de la historia humana ha perdurado al implacable transcurrir del tiempo, de los prejuicios morales y religiosos, de la envidia y la vanidad de los vencedores, del rencor de los vencidos, y ahora además borrada de un plumazo por el diseño programado y especulativo de unos Creadores inmisericordes y partidarios.

Pobres humanos, ignorantes de un destino amañado. Tristes mortales, crédulos lunáticos, convencidos de su irreal poder de decisión y su creencia en el libre albedrío, siniestra utopía.

Malditos mentecatos, yo Ogidnem, nacido bastardo, criado rufián y coronado lacayo cobarde, en su día fui proscrito en mi tierra, y ahora me he convertido en dueño de vuestro destino y guardián de la realidad.

Verdaderamente, siento cierta envidia de vuestra ignorancia. Ésta que os permite ser casi felices o al menos acercaros a un estado parecido a la felicidad. Muchos de vosotros podéis atisbar el horizonte con esperanza, adentraros en la aventura sin miedo a lo desconocido, maravillarse de lo simple por el mero hecho de ser nuevo, de aprender desde la nada hasta el infinito, de mirar a los demás como a uno mismo. Por eso no pararé de utilizar el Borrador para eliminar del recuerdo el dolor amargo de la derrota, no dejaré de limpiar del pasado la tristeza y la humillación, de transformar lo malo en bueno, lo negro en blanco, lo amargo en dulce, y cuando el pecado se antoje horriblemente desmesurado, borraré de un plumazo a Sodoma del mapa, y ya puestos, haré que Gomorra desaparezca dejando un espacio vacío en la consciencia colectiva, que tendrá que elucubrar la fantasía de lo que pudo ser, sin acercarse lo más mínimo a lo que realmente aconteció.

Por eso mantengo la vista serena, escrutando continuamente el horizonte, acechando sin descanso, para, si es necesario, aliviar al mundo de los pecados del hombre, hasta que llegue el día en que la humanidad sea capaz de soportar el inmenso peso de su propios pecados.

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