martes, 5 de octubre de 2010

LA TABERNA MALDITA. Parte segunda.





Penetrar en esa vetusta y misteriosa taberna fue como retroceder en el tiempo, el presente pareció desplomarse bajo mis pies en una angustiosa y delirante caída libre hacia los infiernos, arrastrándome hacia un pasado lejano, plagado de dolor y odio. Por unos instantes los recuerdos me salpicaron, igual que si un acido corrosivo me desgarrase la carne separándola de los huesos, por suerte sólo fue un instante, intenso pero a la fin efímero. La realidad, ciertamente se detuvo hace siglos en este lugar, convirtiéndolo en el rincón idóneo donde cobijar y ocultar de la vista de los mortales, el libro apócrifo, la reliquia, que dicen, revelará la verdad a los hombres y les abrirá los ojos al porque de su propia existencia, o quizá confirmará definitivamente lo que muchos han afirmado durante generaciones, que la existencia del hombre sobre la faz de la tierra no tiene ningún significado más allá de la pura y simple existencia biológica. Sólo somos polvo en un universo que desconocemos, nada más que un residuo olvidado, la escoria sobrante del eterno y oscuro Caos…, o quizá no.

Una escasa y tenue luz se filtra a través de unas mugrientas ventanas, roídas y descascarilladas igual que el resto de la extraña edificación, lo que impide ver con claridad el rostro de los tres personajes que se hallan sentados alrededor de una de las dos únicas mesas que amueblaban la estancia.

Una de las ultimas palabras que me dirigió el viejo anacoreta con el que compartí un corto y preciado tiempo de mi triste existencia, fueron: “En este viejo y desgastado trozo de tierra sublunar en el que habitamos y por el que Dios nos deja deambular, más o menos libremente, no todo lo que se ve es, ni todo lo que no se ve deja de ser”, extrañas palabras que yo acabé interpretando como: “no te fíes ni de tu propia sombra”, y con las ultimas palabras del solitario anciano resonando todavía en mi cabeza, decidí obrar con la máxima cautela, y sin mediar palabra me dirigí hacia la mesa que quedaba libre, situada al otro lado de la estancia. Sin dejar de observar por el rabillo del ojo a los tres personajes me senté dando la espalda a una de las paredes, y sin bajar la guardia extraje de mi mochila un pequeño frasco de agua vendita, un liquido santificado que el viejo ermitaño me obligó a coger y que yo a regañadientas acepté, más que nada para conseguir que, aunque sólo fuese un rato, me dejase tranquilo y de esa manera no tuviese que seguir escuchando su continua e interminable retahíla de sermones apocalípticos.

El tío majara, era hasta cierto punto simpático…pero eso no quitaba que también fuese un pesado de cojones. No hay duda de que el hecho de estar tanto tiempo en la más absoluta soledad altera a cualquiera, y el tener a alguien con quien hablar, parecía querer alentarle a recuperar todos los años de abstinencia verbal.
Sin dejar de observar a los de la mesa de al lado, que parecían no prestarme demasiada atención, algo extraño ya que el lugar no tenia pinta de recibir demasiadas visitas de forasteros, lo que me hizo sentir sumamente intranquilo y nervioso, por lo que extraje mi viejo y desgastado machete de combate que tanto servicio me había prestado años atrás, y que reflejaba en su afilada hoja las muescas de una vida de dolor y muerte. Sí, la muerte y yo somos, desde hace mucho tiempo, viejos amigos, esa es una de las razones por las que me eligieron para esta misión.

Rebusqué en el fondo de mi mochila, necesitaba encontrar el trozo de pergamino que me entregó mi viejo amigo Lenny, y que me aseguró, salvaría mi vida llegado el momento. Lo extraje con sumo cuidado extendiéndolo sobre la mesa, en una punta coloque a modo de pisapapeles el pequeño frasco con agua vendita, y puse el machete de campaña en la otra punta del pergamino, de manera que las extrañas letras que lo surcaban se ofrecieron a mi vista, y comencé a leerlas.

Mi voz, al principio débil e insegura, recitaba frases arcanas desconocidas para mi, escritas en latín clásico traducido del griego hacia siglos por un monje benedictino, que lo transcribió a su vez de un texto mucho más antiguo, un papiro arcaico que sobrevivió parcialmente del gran incendio que destruyo la biblioteca de Alejandría, reduciéndola completamente a cenizas, allá por el siglo segundo antes de nuestra era, día más día menos.

Conforme las palabras salían de mi boca, una extraña vibración recorrió la sala, la temperatura bajó en picado y un hediondo olor a azufre lo invadió todo. Por un momento dudé, la realidad de lo que estaba sucediendo superaba mis incrédulas expectativas, hasta el momento había pensado que todo era una farsa, la loca idea de una mente perturbada, una misión abocada al fracaso debido a la falta de la fe necesaria, pero no me dio tiempo de reflexionar sobre lo que podía ser o no posible, ya que los tres personajes que hasta el momento habían permanecido sentados sin demostrar demasiado interés por lo que hacia o dejaba de hacer, se levantaron y se abalanzaron sobre mi, intentando impedir que acabase de recitar mi conjuro, que era lo que realmente estaba realizando al pronunciar las palabras escritas en el antiguo pergamino.

En un acto reflejo, agarré el machete y realizando un movimiento certero, miles de veces entrenado, sesgué la vida del primero de los atacantes, si es que se le puede llamar ser vivo a lo que cayó pesadamente a mis pies. Un cuerpo informe, formado por muñones de carne y piel, al que se le veía la blancura de los huesos asomando por entre los pliegues de un traje harapiento. No me dio tiempo de ver nada más, los otros dos ya estaban sobre mí, intenté forcejear pero su fuerza era sobrehumana y dos pares de manos huesudas y despellejadas me asieron y me lanzaron como si de una marioneta se tratase, a través del aire frío y viciado de la taberna, el vuelo fue corto y la caída brutal. Al impactar, note un dolor insoportable, algo se rompió en mi interior, seguramente fuesen varias las costillas destrozadas, y puede que se me abriese una brecha en la cabeza, ya que la vista se me nublo por la gran cantidad de sangre que caía por mi frente, pero no podía pararme a pensar, y poniéndome en pie me dispuse a defenderme con uñas y dientes de esos engendros salidos de las mismísimas entrañas del infierno, que es lo que ahora parecía abrirse a mis pies.

Pese a mi mala pronunciación del latín, suerte que no estaba en arameo, parecía que el conjuro había funcionado, la energía contenida en las palabras pronunciadas mantenía, pese a los siglos transcurridos, parte de su esencia primigenia. Muchas, sino todas, las civilizaciones antiguas creían que las primeras deidades al crear las cosas las dotaron de un nombre que las anclaba a la realidad y les otorgaba a ellos, los dioses creadores, poder para controlarlas y manipularlas. A los hombres se les permitió conocer algunos de esos nombres, y durante generaciones se llamó a las cosas por su verdadero nombre, lo que permitió a la humanidad controlar el mundo que le rodeaba. Fueron tiempos de dicha y felicidad, una especie de paraíso en la tierra, pero con el tiempo y la estupidez de los hombres, su utilización fue cayendo en el desuso y más tarde en el olvido, lo que sumió a la humanidad a una era de desconocimiento, oscurantismo, desdicha, dolor y tristeza, en la que sin lugar a dudas, hoy todavía, permanecemos sumidos.

El abismo insondable del tártaro se ha abierto en el centro mismo de la taberna, miles de almas inmortales pugnan por salir del encierro al que fueron condenadas. Debo darme prisa si no quiero sucumbir al encanto mortal de su llamada, un canto de sirena infernal al que ni las dos alimañas con las que luchaba, y que seguramente custodiaban el portal, pueden resistir, y atraídas por el centro del abismo, son absorbidas. Y ante mis propios ojos veo como el infierno, haciendo alarde de una furia aterradora, se los traga.

Ahora es mi turno, pienso. Mi vida y mi alma están en juego, sólo tengo una oportunidad. El frasco conteniendo el agua vendita está cerca, debo cogerlo a la primera, no habrá una segunda oportunidad. Y  rodando por el suelo me lanzo a por él, mientras mi cuerpo ingrávido vuela hacia el objetivo, siento como si cientos de manos invisibles me agarrasen tirando de mi hacia el, ahora nada poético, infierno descrito una vez por Dante. Pero la suerte o el destino están hoy de mi lado, y consigo aferrar el frasco. Lo abro, y gritando enloquecido lanzo un conjuro, mil veces repetido, mientras consigo rociar el abismo con el agua limpia y cristalina que lo contiene, y entonces se produce un estallido, la oscuridad lo inunda todo por unos instantes, millones de gritos ensordecedores amenazan con romperme los tímpanos, una oleada de luz y calor seguida de dolor, mucho dolor, y finalmente: pierdo el conocimiento.

Lentamente recupero la conciencia, nunca un ser humano ha estado tan cerca del infierno y ha sobrevivido para contarlo, por lo que me tomo mi tiempo para ponerme en pie. De la taberna no quedan más que escombros, el abismo se ha cerrado y el mal se ha quedado de nuevo con las ganas de pasearse y deambular por la superficie del planeta. Si el conjuro ha tenido éxito, como parece, algo de lo que habitaba en el infierno debería haberse quedado en este mundo. Y con la tenue pero suficiente luz de la luna llena rebusco entre los cascotes y las ruinas de la destrozada taberna. Después de un rato, al levantar una de las destrozadas mesas de madera, lo veo, lentamente me agacho y lo recojo, no sin antes cerciorarme de que realmente estoy solo. Por fin lo tengo en mis manos… ¡La Biblia Negra, existe!, no puedo creerlo, después de todo va a resultar que los mitos tienen su punto de realidad, ¡hay que joderse!

Dicen, que cuando los dioses dieron nombre a las cosas, para que no se les olvidase, lo escribieron en un libro oscuro de rebordes dorados y páginas amarillentas en las que escribieron, utilizando su propia sangre, el nombre verdadero de las cosas, el nombre que al ser pronunciado revela la verdadera esencia del mundo, pudiendo manipularlo, controlarlo y sobretodo conocerlo. El poder total en la punta de la lengua.

Parece que alguien le ha dado a la humanidad otra oportunidad, puede que la edad de la oscuridad haya llegado a su fin, y quizá sea, ahora, el momento del hombre… Quizá, y por si acaso no es así, abro el libro y memorizo unas cuantas palabras, sólo por si acaso… nunca se sabe.


Y, con el libro bajo el brazo inicio el camino de regreso hacia la civilización.



Por Rapanuy.

11 comentarios:

  1. Por casualidades del destino o de la vida misma me he dejado caer por éste blog hasta ahora totalmente desconocido para mi.

    No puedo darle al botoncito de cerrar sin dejar escrito que tu texto es sublime. Sabes ambientar al lector, sabes hacer sentir todas y cada una de aquellas sensaciones que reflejas en tus palabras además de que la narrativa es una maravilla.

    Felicidades, te animo a seguir escribiendo.^^ ¡Me ha gustado mucho!

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  2. Cierto; la musica muy buena xD. La narración no está nada mal. Has pensado en publicar algo? Mira aquí: http://www.bubok.com/

    Te lo recomiendo. Yo tengo ahí un libro de algunos tutoriales del blog. Es una buena forma de empezar.

    Un saludo.

    PD. Mañana, tuto xD.

    http://areku-desingblog.blogspot.com

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  3. La narración no es que esté nada mal...es que está muy bien. Da gusto leerte, Rapanuy.

    Y si has encontrado ese libro maldito has encontrado un tesoro, pues el Vaticano te daría un pastón para poseer esa Biblia negra y dejarla en el olvido de sus arcaicas mazmorras...

    No sé porqué no escribes más a menudo, a mi me harías un poquito más feliz.
    Un abrazo.

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  4. Camarrada, también de letras... cuando te leo me da por acordarme de aquellas tardes dándole que te pego a la repostería Martínez mientras jugábamos con la consola en aquel piso tuyo... en el que hacía más frío dentro que fuera. Que hasta el gato se exiliaba de manera voluntaria al balcón... En fin, que entre tus sagrados libros y mi sagrada y saqueadora memoria, estamos apañaos.

    Oye, además con este texto, bueno, bueno, bueno de bien, quiero decir, no bueno de aclaración... me has hecho pensar en la peli que vimos allí unas doscientas veces, la de terroríficamente muertos... Joder, cuando tenía que repetir las palabras en el cementerio para evitar que los chungos volvieran a las andadas. Y chungos, de verdad, no como los chungos chunguitos, o el Vaquilla. Unos muertos muy vivos y porculeros.

    Ah, el texto; bueno, bueno, pero bueno de bien... y la música, bien de bien, bien al cuadrado.

    Pues nada, me voy para el bar, que debes estar deseando invitarme a un café, antes de que la grúa se lleve tu coche... Ay...

    Hasta ahora.

    Mario

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  5. ¡Qué buen rato, leyéndote!


    ¡Saludiños, Rapanuy!

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  6. Lunnaris, es curioso, por llamarlo de alguna manera, como la casualidad entrelaza la vida y el destino de la gente. Gracias por tu ánimo y por tu gusto musical.

    Un saludo.


    Alexandre, el sitio ya lo conocía, es un recurso interesante. Pero primero tengo que acabar algo que tengo entre manos, y escribir más de cien páginas tiene su miga.

    Un saludo.


    Marián, da gusto que te guste.
    El Vaticano no sé, pero el cura de mi pueblo lleva tiempo mirándome raro, pero raro.

    El tema de escribir más asiduamente puede que lo resuelva en breve. He recibido una OPA hostil, y se prevé una fusión. :)

    Un abrazo.



    Mario, mí querido amigo y camarrada, tu no sabes el frío que llegue a pasar yo allí, de esa epoca arrastro una bronquitis cronica, ademas de unos quilos de mas devido a la reposteria adictiva y alta en kilocalorías.

    De los rios que componen España no me acuerdo, pero las palabras del film las tengo impresas a sangre y fuego en mi adn “clatu verata nicto”.

    Menos mal que me entreno asiduamente junto a Usain Bolt, y mantengo las piernas ágiles que si no, ya me veo yendo en bici al curro.

    Nos vemos.



    Susi, me encanta que te pases por aquí a leerme.

    ¡Salut, Susi!

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  7. ¿Va en serio lo de la OPA hostil?.
    jajajaja...
    ¡Me encantas¡...

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  8. Bueno, has acabado un relato que te succiona como las mismísimas puertas del infierno. Del relato, lo que más me ha gustado ha sido todo esa teoría del Libro Negro y los dioses y los nombres. Es algo que te despierta, que te ayuda a imaginar.
    Y esa lucha, y como el portal está a punto de engullirlo. Tiene una tensión y un atractivo especial.
    Lo bueno se hace esperar, parece.
    Saludos.

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  9. Marián, bueno, bueno, es menos hostil de lo que parece, es simplemente una idea que llevo contemplando hace tiempo, alguien me lo sugirió y ahora ha llegado el momento de fusionar mis dos blogs, por simple comodidad parta todos, a ver como queda.

    Un abrazo.


    Igor, a mi lo que más me gusta cuando leo es imaginarme como podría ser. Los textos demasiado detallados no suelen permitir esa posibilidad, por suerte en los blogs no tenemos ese problema… ¡Nos falta espacio! O lectores con el suficiente tiempo para entretenerse, quien sabe.

    Un saludo.

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  10. Supongo que vínculo entre la casualidad y el destino hacen que surja lo inevitable. Es algo realmente interesante... y en cierta medida mágico.

    Espero que sigas escribiendo, yo voy leyendo poco a poco todo lo que tienes por aquí. Sigo manteniendo la misma opnión que te dejé escrita. ^^

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