miércoles, 31 de marzo de 2010

SUEÑOS IMPOSIBLES




Érase una vez, no hace mucho tiempo, existió un viejo árbol de ramas angostas y retorcidas, de pensamiento cultivado y sueños imposibles, que todas las tardes se sentaba al borde de un desgastado y majestuoso acantilado desde el que observaba, extasiado, como el sol se ponía sobre la mágica línea del horizonte que el reino celestial se entretenía en perfilar diariamente sobre el mundo acuático a sus pies.

Un día, el viejo árbol, cansado de su triste existencia, decidió, por fin, abandonar la protección del bosque, dejar atrás la compañía de sus familiares, amigos y congéneres y plantar sus largas raíces en una solitaria colina con vistas a un maravilloso e inalcanzable horizonte.

Desde que tan solo era un joven y tierno arbusto se había sentido atraído por el sonido del mar, ese continuo crepitar de las olas estallando contra las angostas rocas del acantilado era música celestial para sus oídos. El impacto del oleaje contra las rocas producía unas leves vibraciones que ascendían por la pared del acantilado llegando hasta las raíces del árbol, que éste, se había preocupado de hundir profundamente en la dura y reseca tierra que bordeaba toda la cordillera costera, para, de esta manera, poder sentir la más leve vibración del mar sobre la tierra firme. Estas vibraciones tenían la capacidad de transmitirle, real o imaginariamente, lejanas historias de aventuras, de tierras exóticas, de vidas en movimiento, de libertad.

Desde el bosque cercano surgían continuamente voces que le incitaban a desistir de su postura antinatural. Los más viejos recurrían a la memoria para recordarle, constantemente, que en sus largas y dilatadas existencias jamás ningún árbol se había comportado de ese modo tan extraño, y pese a que accidentalmente algún, ya extinto, árbol había conseguido, por accidente, enraizar en esa zona extremadamente árida de la loma del acantilado, la continua brisa salada del mar acabó, tristemente, mermando la poca resistencia que pudiera quedarle al pobre y solitario arbusto.

Diferentes voces, amparadas por al espeso follaje que el bosque les brindaba y que los ocultaba, le tildaban de loco, demente, chiflado, de instigar a la rebeldía de jóvenes arbustos que veían en él a una especie de iluminado Mesías conocedor de algún mensaje desconocido y oculto. Una gran mayoría de congéneres, simplemente, le animaban a abandonar lo que para ellos parecía una paranoia transitoria.

Pero el tiempo pasó, las estaciones se sucedieron y, pese a las inclemencias del tiempo y lo difícil de la situación, el árbol aguantó, impertérrito en su cruzada personal, contra viento y marea, esperando quizás que el destino se cumpliese, que los dioses se apiadasen de él, o que, simplemente, fuese la naturaleza siguiendo su curso la que decidiera su futuro, decisión nunca fácil, ni lógica y hasta muchas veces inesperada.

Y así, esperando, trascurrían los días, mientras las vibraciones que le transmitía incansablemente el oleaje le hablaban de una lejana humanidad que se debatía entre el terrible horror de la destrucción y el caos, la efímera fragilidad del amor, la fuerza imperecedera de la amistad, la gloria y el orgullo de razas enteras de difuntos mártires y valerosos guerreros, y le describían la belleza de paisajes alejados infinitamente de este, cada vez más, triste árbol agonizante y moribundo empujado a esta situación por un extraño afán de conocimiento, y seguramente el deseo de poder vivir una existencia completamente diferente a la que le había sido otorgada por un cruel y caprichoso destino, o por el simple hecho de nacer árbol y permanecer anclado al suelo sin posibilidad alguna de poder moverse libremente por el mundo, ese fantástico y maravilloso mundo que se abría a sus pies y que el mar le narraba continuamente.

Quizás fueron sus rezos a dioses mitológicos y desconocidos, o quizás fueron sus suplicas al astro rey que iluminaba todos los días el firmamento con su energía inagotable. Quizás fue la madre naturaleza que enternecida por las constantes suplicas de uno de sus vástagos acudió en su ayuda, o simplemente el destino estaba jugando con él, y su sino fue desde el primer día que se viesen cumplidos sus sueños. No sé… pero da igual, lo cierto es que finalmente ese día llegó.

La tormenta se precipitó impetuosa sobre el acantilado, el ruido del mar explosionando contra las rocas era ensordecedor, el árbol se estremeció al notar como la tierra bajo sus pies se desprendía y sus raíces se quedaban sin una base firme sobre la que sustentarse, y lentamente se fue inclinado hacia el precipicio. Desde el bosque cercano se oían voces, apagadas por el fragor de la tormenta, de congéneres que le animaban a resistir, pero eran inaudibles e inútiles. Finalmente el árbol de sueños imposibles se precipitó al vacío y desapareció engullido por la fuerte marea que golpeaba con furia el acantilado.

Días interminables a la deriva alejaron al árbol de su hogar, al tiempo que lo acercaban irremisiblemente hacia unos sueños que se vislumbraban en el horizonte lejano como una realidad más que probable. Las mareas lo transportaron de un continente a otro. Navegó por los siete mares, disfruto de las calidas aguas de los trópicos, padeció el terrible frío del ártico, pudo contemplar interminables auroras boreales, consiguió vislumbrar las maravillosas constelaciones que forman la bóveda celeste desde los cuatro puntos cardinales. Visito países y naciones, conoció multitud de especies marinas, y disfruto con la flora y la fauna en los rincones más alejados del planeta. Y, finalmente, cuando acabo varado, como un tronco inerte, en alguna playa de una lejana isla desierta, se sentó allí, satisfecho, sobre la arena y disfruto de sus últimos momentos de existencia sobre este mágico y maravilloso mundo que inexplicablemente había podido disfrutar gracias al irrefrenable impulso que un día lo alejó de su hogar, acercándole peligrosamente a un precipicio que resultó ser un trampolín, un punto de partida hacia unos sueños no tan imposibles, y dio gracias a la casualidad, a la causalidad, al destino o a quien manejó los hilos de esta fantástica travesía que consiguió dar un poco de sentido a su monótona existencia.

Del árbol ya no queda más que un tronco hueco y putrefacto que servirá de cobijo a algún crustáceo marino o quizás, con suerte, acabe ardiendo en algún banal fuego que, al consumirlo, elevará su existencia hacia el firmamento estrellado que tanto le agradaba contemplar en su constante deriva por los mares y océanos que poblaron sus sueños y su imaginación, y su existencia será recordada, durante generaciones, por los que habitan anclados en aquel bosque del que partió un lejano día en pos de unos sueños imposibles.

12 comentarios:

  1. Bonita historia.

    Un saludo.

    http://areku-desingblog.blogspot.com

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  2. Mi admirado Señor...
    En todos los paraísos hay un árbol emblemático. El árbol es por antonomasia símbolo de vida. El árbol de la Vida está en casi todas las religiones y en el Paraíso de los hebreos aparece en dos versiones: el de la Vida y el de La ciencia del Bien y del Mal.

    Me ha encantado volver a leerle, y he deseado que en un fuego de San Telmo el viento y los rayos mágicos me hubiesen lanzado hasta ese árbol fusionándome en una simbiosis de locura hasta terminar en una muerte dulce...

    Gracias

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  3. El árbol de sueño imposible. Buen cuento, muy entrañable, muy poético.
    Su rebeldía contra su destino lo mató, pero le permitió vivir cosas que ningún otro árbol vivió.
    Me ha encantado la descripción del mar, de ese ancantilado ensordecedor y de su odisea por tierras lejanas.
    En muchos mitos hay árboles, y en las tierras de muchos poetas también crecen, como en Machado.
    Un saludo.

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  4. Joder con los putos árboles (ya me entiendes). A ver quién es el listo que coge ahora un libro para ir a dormir...

    Qué bonito es todo por aquí siempre, joder. Voy a tener que pagar cada vez que venga a verte porque tanta teletransportación no hace más que reconfortarme.

    Una semilla para tu ombligo :)

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  5. Rafa, como no quedemos pronto, voy a echar raices, joder.
    Y no quiero ser un árbol como el del texto. Un melonero, quizás. Ah, no... que los meloneros no son árboles. Pues un peral, que para el caso...
    En fin, que el martes está ahí... que café en mano te comentaré sobre tu relato durante rato y rato al cuadrado.

    Oye, por cierto, no habrás comido carne hoy, ¿verdad? ¿y bacalao?

    Abrazos.

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  6. @reku, gracias y saludos. Interesante lo del cuestionario filmográfico, puede que lo rellene.


    Marián, mi encantadora admiradora, confío que tus deseos se cumplan algún día y que puedas gozar de esa fusión simbiótica aunque acabe aniquilándote dulcemente, pero espero que no sea pronto y así puedas saborear lo bueno de esta existencia terrenal que algunos pronostican de transitoria…

    Gracias a ti y un saludo.
    (He leído por ahí que preparas un blog, espero poder leerte pronto)



    Igor, es la esencia de la existencia, el agua, la tierra y el aire, caos del que emerge la vida en su forma vegetal, y de todo ello lo único bueno que nos dejó la caja de Pandora fue la esperanza, a la que el árbol se agarra con fuerza en esta historia.

    Un saludo.



    Elektra, no lo dirás por el papel del que están hechos… ¿remordimientos? ;)
    La verdad es que espero que me pagues con la misma moneda en tu blog.

    Semilla que acojo en mi seno(que no teta), a ver qué florece.

    Un abrazo.



    Mario, si te estuvieras quieto un rato puede que enraizaras, pero no es el caso, así que no me eches la culpa.
    He necesitado desconectar esta semana… ya sabes.

    La carne ni la cato y de tanto en tanto huelo el bacalao. :)

    Pero el martes nos vemos y comentamos (mirando a través de la vidriera del bar) que ya ha llegado la primavera y las calles se llenan de flores.

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  7. Estoy aquí para darle las gracias de nuevo. Habrá visto que el blog tiene un aspecto muy austero.Admito sugerencias, poco a poco le iré dando personalidad. Y lo de escribir ya se irá viendo, soy una aprendiza nada más que espera aprovechar al máximo los conocimientos de ustedes.

    De nuevo gracias.

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  8. ¡que blog más bonito! Gracias por dármelo a conocer y por hacerte mi seguidora, yo hago lo propio y me tomo mi tiempo para leerte y escucharte

    Un saludo

    maggie

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  9. Mi último comentario-Elektra, sólo podía ser para ti, ombligo.

    Sigue escribiendo, imaginando, sigue dándole forma a tanta y tanta fantasía.

    Yo estaré, y creo que lo sabes...

    en fin, echaré de menos los abrazos cruzados, así que hoy te dejo muchos. O no, mejor te dejo uno, como siempre. Como todas las semanas.

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  10. Un cuento realmente precioso. Yo sería cien veces ese árbol que vivió sus sueños y no se limitó a soñarlos.

    Un abrazo.

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  11. Una historia preciosa que me ha inspirado sensaciones maravillosas. Poco puedo decirte que ya no te hayan comentado, eres un gran escritor y tu mente está repleta de grandes ideas.

    Un saludo, y gracias por regalarnos estas historias.

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