martes, 29 de diciembre de 2009

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO




Desde tiempos inmemoriales, los más antiguos narran la historia de una oscura y lejana región, olvidada por los dioses, donde se yergue majestuosa y desafiante una construcción monumental, que cuentan, fue levantada al inicio de los tiempos por las deidades primigenias.

Heródoto dejo escrito el comentario que le hizo un anciano sacerdote Egipcio, que le explico como, del pozo de la sabiduría fue extraída una pequeña porción del barro sagrado en el que se hunden y alimentan las raíces del ancestral árbol del conocimiento, situado en el mismo corazón del eterno Olimpo. Y aseguran que de esta materia prima divina fue forjada la argamasa que sostendría durante milenios los pilares de una sublime edificación a la que llamaron el Faro del fin del mundo.

Creado para ser el último reducto de cordura y lógica en el mundo, servia para que los intrépidos y valerosos buscadores de la verdad, que en épocas remotas se adentraban en el Mar infinito, en busca de un saber desconocido, pudiesen retornar e intentar de esta manera salvar sus pobres almas, atormentadas continuamente por el afán de conocimientos.


Cuando todo el saber adquirido durante años de estudio y aprendizaje no consigue dar respuesta a las preguntas más trascendentales que todo hombre se formula, la razón se aleja de la lógica y bucea en el abismo de lo desconocido, entonces los mitos se transforman en algo solidó, para poder dar sentido a la realidad del ser.


Uno tras otro los buscadores del saber ancestral se han adentrado en lo más profundo del Mar Infinito y se han visto reflejados en las misteriosas aguas teñidas de anhelos y promesas de muerte o de esperanzas de vida, más allá del mundo conocido.


Uno de estos insensatos buscadores fue Aesido. Contemporáneo de Sócrates, participo junto a él en muchas de las batallas que tuvieron lugar durante su época de soldado griego. Más tarde ya fuera de las milicias se dedico a la búsqueda del conocimiento y a intentar encontrar y responder las preguntas más trascendentales.

Aesido bebió de las enseñanzas Socráticas como tantos otros y convirtió su modo de vida en un continuo cuestionar la existencia, buscando las respuestas a través de interrogarse a si mismo y a los demás. Por eso no dudó en embarcase en el más osado de sus viajes y tomar parte en una aventura digna de su época.


La vida, le comentó una vez a un amigo poco antes de poner rumbo a lo desconocido, solo se disfruta una vez y el conocimiento no se le revela, así como así, a nadie, hay que ir y arrebatárselo al mismísimo Zeus, y si no es posible ,hay que adentrarse, si fuese necesario, hasta los más lúgubres y siniestros dominios de Poseidón, para arrancarle a la fuerza, las tan ansiadas y anheladas respuestas.


Atado al mástil del barco Aesido contempla, aterrado, la tempestad que el dios Poseidón a desatado sobre los pobres mortales que se han atrevido a adentrarse en sus dominios exigiéndole respuestas. Toda la fuerza devastadora del mar se abate sobre la embarcación que zozobra sin remisión en unas oscuras y frías aguas, que lo engullen todo con una voracidad insaciable. Después de lo que parece una eternidad y habiendo vislumbrado las fronteras del infierno, Aesido emerge a la superficie atado al trozo de un mástil mientras es vapuleado por el oleaje, hasta que la corriente lo aleja de la terrible tormenta.


Durante días, como un naufrago a la deriva, Aesido vaga, atado a una madera, arrastrado por la corriente. Al segundo día de viajar a la deriva, la sombra de un barco pasa a lo lejos, y él intenta atraer su atención, pero es inútil, aunque le hubiesen podido recoger habría acabado igual que el otro barco, ya que llevaban la misma dirección y seguramente las mismas intenciones, y sin duda acabarían en el fondo del mar, por haberse atrevido a profanar las sagradas aguas de Poseidón.


Como un gigantesco imán, el Faro del fin del mundo, atrae hacia si todo lo que se atreve a flotar sobre las aguas del Mar Infinito, y el mástil al que sigue atado Aesido se ve empujado irremisiblemente hacia la orilla.


Una vez en tierra firme y a salvo, Aesido recapacita y rumia el valor de la lección aprendida durante este fantástico viaje, y la conclusión que saca le acompañara sin duda el resto de sus días.


La vida no tiene ningún sentido más allá del valor que se le da al hecho de vivir con pasión el día a día, y buscar las respuestas en lo más sencillo y cotidiano. No hay una respuesta esencial ni única que le de sentido a la vida, ya que la vida en si es lo que da sentido a lo demás. Hoy ha podido comprobar lo frágil que es la vida y lo que la añoraría si la perdiese.


Iniciando la marcha, lentamente Aesido dirige sus pasos hacia la ciudad más próxima, sabiendo que a partir de ahora las preguntas más trascendentales serán las más simples y que el verdadero saber esta dentro de cada uno de nosotros.

Atrás queda el mítico Faro del fin del mundo y delante se abre todo un mundo por descubrir.

9 comentarios:

  1. El mundo por descubrir, está bajo nuestros pies.

    Un cordial, pero simple saludo, Rapanuy!

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  2. Quedan muchos mundos por descubrir, pero todos están en nuestro interior.




    John W.

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  3. Buen relato.

    Saludos y feliz año nuevo.

    http://areku-desingblog.blogspot.com/

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  4. Tú eres muy de mar ¿a que sí? En la mayoría de tus historias está de fondo sin embargo nunca me aburre la música de las olas acompañando tus textos. Bueno no, tus cuentos. Me recuerda a la niñez, a esos cuentos que alguien inventaba para mí hasta que me dormía. Deberías hacer un libro de cuentos. Y tener sólo un blog, porque me mareas. :)

    Este abrazo es el mejor, porque joder, es el último del calendario y porque me da la gana. Querido ombligo, encantada estoy con tus cuentos.

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  5. Gracias Lasosita, yo creo que solo hay una cosa mejor que descubrir el mundo bajo nuestros pies, y es, imaginar nuevos mundos.

    Un cordial y compuesto saludo.


    Polidori, razón no te falta, y yo añado, quien será el afortunado que conseguirá extraer esos mundos y exponerlos a la vista de los demás.



    @reku, gracias y que sea un feliz año también para ti.


    No sé Elektra, es el mar, son las olas, es la lluvia, las tormentas, es más bien la necesidad del agua ¿quizás es que como muchas pipas saladas?, ¿quizás...?

    Una de las razones de tener dos blogs es que, en un principio quería escribir cuentos infantiles y separarlos de lo demás, pero al final los blogs adquieren vida propia y se desmadran. Pero en este año que comienza pienso hacer enmienda y escribir más cuentos infantiles y no tan infantiles.
    Y otra razón es que aquí puedo poner ruido del bueno, que es el que me demanda la descendencia, y así consigo que se sienten a leer lo que escribo, mientras escuchan la música. (Aunque creo que se entretienen más viendo los videos)

    Desde luego es el mejor abrazo del año, no sé si podré superarlo pero ahí te mando otro.

    Querida ombliga encantado estoy de que los leas ;)




    ¡FELIZ AÑO A TODOS!

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  6. Ohhh....

    Me estoy pellizcando...por azar estoy aquí ¡qué descubrimiento¡..Y esa música..¡¡es una pasada¡¡..Apenas si puedo juntar los labios para decirle:GRACIAS.

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  7. Me ha gustado muchísimo, además me ha quedado la duda sobre si era una historia mítica, recreada aquí, o bien una historia escrita por ti.
    En fin, esta mezcla de historia, mitología, filosofía y fantasía te ha quedado de primera.

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  8. Muy bueno el relato y como todo los fantástico lleva algo de real. nuestro planeta sigue siendo la mayor de las incógnitas junto con nuestro origen...

    saludos

    Noe

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  9. Marián, yo si que estoy impresionado y agradecido por el comentario, pero no te pellizques muy fuerte que eso duele. ;)


    Gracias Igor, es totalmente ficción, pero adornada con pinceladas de esa mezcla que describes.


    Noelia, por eso buscamos el conocimiento en lo desconocido, que es la mayor de las aventuras.

    Saludos.


    (Es la segunda vez que escribo esto, no sé por qué desapareció el primero)

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