martes, 15 de diciembre de 2009

EL BAÚL



Mateo era un niño extraño, solitario, callado. No tenia demasiados amigos, pero eso nunca le preocupó lo más mínimo. Él se sentía a gusto sin la compañía de los demás, sin nadie que le dijera lo que hacer o dejar de hacer, sin nadie que le agobiase con aburridos juegos infantiles.


Los demás niños, viendo su comportamiento, le habían ido dejando, poco a poco, de lado y no se preocupaban demasiado por él.


¿Como había llegado Mateo a esta situación tan extrema? ¿Por qué se comportaba de esa manera tan extraña?

Todo comenzó el día que por fin se decidió a subir al polvoriento y destartalado trastero de la vieja casa donde vivía. De pequeño sus padres nunca le habían dejado subir, por miedo a que pudiese sufrir un accidente, y el cultivó un cierto temor a lo desconocido, hasta que un día armándose de valor decidió enfrentarse a sus miedos más profundos.


Al principio sus incursiones al desván fueron fugaces, pero con el tiempo fue adentrándose más y más en el espeso y laberíntico mundo que conformaba ese fantástico trastero de ilusiones. Una tarde en una de sus incursiones al desván, curioseando los objetos desparramados caóticamente, descubrió por casualidad un extraño y misterioso baúl, lleno de extraordinarios objetos con los que poder jugar y divertirse, dejando volar la imaginación y creando a su alrededor un fantástico mundo ficticio e irreal.


Aquel verano, cuando finalmente la escuela cerró sus puertas para dar comienzo a las vacaciones estivales, mientras todos los niños jugaban en la calle o en el parque, disfrutando del buen tiempo, Mateo solía quedarse en casa y subirse a la boardilla donde disfrutaba de su tesoro particular.


Nervioso y fascinado solía abrir lentamente la tapa de viejo baúl que, día tras día, le ofrecía todo tipo de increíbles objetos, el cual más maravilloso. Un día sacaba un extraño instrumento musical, de sonidos mágicos y cautivadores que lo tenían embelesado durante horas. Otro día sacaba una fantastica capa de reflejos luminosos que utilizaba para recrear un baile ficticio en un castillo encantado. Al día siguiente una espada y un sombrero le servían para entablar una terrible batalla contra los enemigos invisibles que poblaban su desván y que siempre compartían sus historias imaginarias.


Cada día un nuevo objeto salido del baúl, le hacia partícipe de historias casi reales, que acabaron fundiendo la realidad y la ficción en un solo espacio.


Un día Mateo al abrir el baúl se quedo aterrado, dentro no había nada, todos los objetos con los que tanto había jugado y disfrutado habían desparecido. Busco y rebusco dentro y fuera del baúl, pero nada, puso patas arriba todo el trastero, pero no apareció ni uno solo de los objetos deseados. La magia desapareció y el pobre mateo dejo de jugar.


Se quedaba durante horas y horas sentado delante del baúl esperando y esperando que en algún momento los maravillosos objetos con los que disfrutaba tanto volviesen.


Mientras los demás niños de su edad jugaban y se divertían en la calle, en el parque o en el río, junto con otros niños creando entre ellos sus propias historias de ficción y utilizando simples palos o piedras o cualquier otro objeto que cayese en sus manos, Mateo se sentaba delante del baúl esperando triste y solitario que éste le retornase alguno de sus fantásticos objetos.

El verano se acaba y la escuela se prepara para recibir de nuevo a los alumnos que han disfrutado de unas esplendidas y maravillosas vacaciones, todos menos uno, que sigue esperando sentado y triste, en el desván de su vieja casa, que un diabólico baúl le devuelva su imaginación perdida.

6 comentarios:

  1. La imaginación de un niño que no ha tenido los momentos ni las carencias necesarias para que crezca.

    Infeliz para siempre...

    Triste cuento para un triste niño
    ¿quizás... es que se ha convertido en adulto con demasiada rapidez ?

    Abrazo fuera de fecha, Rapanuy!
    ( harta estoy de Estrellitas de cinco puntas...)

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  2. Rafa, el final es muy bueno.

    Eso sí, lástima no sacara del baul la Wii que necesitas. Tampoco he visto ningún móvil iphone ni na de na.

    Menos mal que los baules de ahora no son como los de antes, menos mal.

    Esta tarde, café.

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  3. Lasosita, hay extrañamente muchos cuentos tristes en el mundo, y la imaginación es una de las pocas cosas que te permite cambiar la tristeza por alegría, siempre y cuando al crecer no se pierda esa capacidad.

    Una abrazo de temporada invernal.


    Mario, si pudiéramos meter en un baúl todo lo malo y oscuro de nosotros y transformarlo en algo mejor yo lo cambiaria por la wii y me pediría uno para reyes. (Pero tú le explicas lo de la wii al Ian)

    ¿Café el atardecer…? ¡Vale! ¿Pero pago yo… uh?

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  4. A tu hijo le damos un baúl con cosas entrañables y nos manda a la mieda entrañablemente. Vamos, cómo explicarle lo de la Wii. No, no... mejor dejemos las cosas como están.

    En nuestros tiempos nos valían las historias, los tebeos de verdad, las latas, los escondites, y no sé cuántas cosas más. Pero eso sí, si un día viajamos en el tiempo, volvemos al pasado, lo hacemos con el móvil bajo el brazo. Pa los mensajes para poder quedar para el café.

    Hasta la tarde.

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  5. PUffffff.... Un buen cuento. Me ha dado un no sé qué, hay un punto de terror en esta historia, y mucha melancolía, por supuesto. Pero la imagen del niño, sentado ahí, ssss.
    También me ha impactado la descripción de objetos mágicos. No son los típicos, son diferentes, y quizás por eso mismo, más creíbles.

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  6. Igor, gracias por el comentario y por tu perspectiva tan interesante de la narración.

    Un saludo

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