martes, 29 de diciembre de 2009

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO




Desde tiempos inmemoriales, los más antiguos narran la historia de una oscura y lejana región, olvidada por los dioses, donde se yergue majestuosa y desafiante una construcción monumental, que cuentan, fue levantada al inicio de los tiempos por las deidades primigenias.

Heródoto dejo escrito el comentario que le hizo un anciano sacerdote Egipcio, que le explico como, del pozo de la sabiduría fue extraída una pequeña porción del barro sagrado en el que se hunden y alimentan las raíces del ancestral árbol del conocimiento, situado en el mismo corazón del eterno Olimpo. Y aseguran que de esta materia prima divina fue forjada la argamasa que sostendría durante milenios los pilares de una sublime edificación a la que llamaron el Faro del fin del mundo.

Creado para ser el último reducto de cordura y lógica en el mundo, servia para que los intrépidos y valerosos buscadores de la verdad, que en épocas remotas se adentraban en el Mar infinito, en busca de un saber desconocido, pudiesen retornar e intentar de esta manera salvar sus pobres almas, atormentadas continuamente por el afán de conocimientos.


Cuando todo el saber adquirido durante años de estudio y aprendizaje no consigue dar respuesta a las preguntas más trascendentales que todo hombre se formula, la razón se aleja de la lógica y bucea en el abismo de lo desconocido, entonces los mitos se transforman en algo solidó, para poder dar sentido a la realidad del ser.


Uno tras otro los buscadores del saber ancestral se han adentrado en lo más profundo del Mar Infinito y se han visto reflejados en las misteriosas aguas teñidas de anhelos y promesas de muerte o de esperanzas de vida, más allá del mundo conocido.


Uno de estos insensatos buscadores fue Aesido. Contemporáneo de Sócrates, participo junto a él en muchas de las batallas que tuvieron lugar durante su época de soldado griego. Más tarde ya fuera de las milicias se dedico a la búsqueda del conocimiento y a intentar encontrar y responder las preguntas más trascendentales.

Aesido bebió de las enseñanzas Socráticas como tantos otros y convirtió su modo de vida en un continuo cuestionar la existencia, buscando las respuestas a través de interrogarse a si mismo y a los demás. Por eso no dudó en embarcase en el más osado de sus viajes y tomar parte en una aventura digna de su época.


La vida, le comentó una vez a un amigo poco antes de poner rumbo a lo desconocido, solo se disfruta una vez y el conocimiento no se le revela, así como así, a nadie, hay que ir y arrebatárselo al mismísimo Zeus, y si no es posible ,hay que adentrarse, si fuese necesario, hasta los más lúgubres y siniestros dominios de Poseidón, para arrancarle a la fuerza, las tan ansiadas y anheladas respuestas.


Atado al mástil del barco Aesido contempla, aterrado, la tempestad que el dios Poseidón a desatado sobre los pobres mortales que se han atrevido a adentrarse en sus dominios exigiéndole respuestas. Toda la fuerza devastadora del mar se abate sobre la embarcación que zozobra sin remisión en unas oscuras y frías aguas, que lo engullen todo con una voracidad insaciable. Después de lo que parece una eternidad y habiendo vislumbrado las fronteras del infierno, Aesido emerge a la superficie atado al trozo de un mástil mientras es vapuleado por el oleaje, hasta que la corriente lo aleja de la terrible tormenta.


Durante días, como un naufrago a la deriva, Aesido vaga, atado a una madera, arrastrado por la corriente. Al segundo día de viajar a la deriva, la sombra de un barco pasa a lo lejos, y él intenta atraer su atención, pero es inútil, aunque le hubiesen podido recoger habría acabado igual que el otro barco, ya que llevaban la misma dirección y seguramente las mismas intenciones, y sin duda acabarían en el fondo del mar, por haberse atrevido a profanar las sagradas aguas de Poseidón.


Como un gigantesco imán, el Faro del fin del mundo, atrae hacia si todo lo que se atreve a flotar sobre las aguas del Mar Infinito, y el mástil al que sigue atado Aesido se ve empujado irremisiblemente hacia la orilla.


Una vez en tierra firme y a salvo, Aesido recapacita y rumia el valor de la lección aprendida durante este fantástico viaje, y la conclusión que saca le acompañara sin duda el resto de sus días.


La vida no tiene ningún sentido más allá del valor que se le da al hecho de vivir con pasión el día a día, y buscar las respuestas en lo más sencillo y cotidiano. No hay una respuesta esencial ni única que le de sentido a la vida, ya que la vida en si es lo que da sentido a lo demás. Hoy ha podido comprobar lo frágil que es la vida y lo que la añoraría si la perdiese.


Iniciando la marcha, lentamente Aesido dirige sus pasos hacia la ciudad más próxima, sabiendo que a partir de ahora las preguntas más trascendentales serán las más simples y que el verdadero saber esta dentro de cada uno de nosotros.

Atrás queda el mítico Faro del fin del mundo y delante se abre todo un mundo por descubrir.

martes, 15 de diciembre de 2009

EL BAÚL



Mateo era un niño extraño, solitario, callado. No tenia demasiados amigos, pero eso nunca le preocupó lo más mínimo. Él se sentía a gusto sin la compañía de los demás, sin nadie que le dijera lo que hacer o dejar de hacer, sin nadie que le agobiase con aburridos juegos infantiles.


Los demás niños, viendo su comportamiento, le habían ido dejando, poco a poco, de lado y no se preocupaban demasiado por él.


¿Como había llegado Mateo a esta situación tan extrema? ¿Por qué se comportaba de esa manera tan extraña?

Todo comenzó el día que por fin se decidió a subir al polvoriento y destartalado trastero de la vieja casa donde vivía. De pequeño sus padres nunca le habían dejado subir, por miedo a que pudiese sufrir un accidente, y el cultivó un cierto temor a lo desconocido, hasta que un día armándose de valor decidió enfrentarse a sus miedos más profundos.


Al principio sus incursiones al desván fueron fugaces, pero con el tiempo fue adentrándose más y más en el espeso y laberíntico mundo que conformaba ese fantástico trastero de ilusiones. Una tarde en una de sus incursiones al desván, curioseando los objetos desparramados caóticamente, descubrió por casualidad un extraño y misterioso baúl, lleno de extraordinarios objetos con los que poder jugar y divertirse, dejando volar la imaginación y creando a su alrededor un fantástico mundo ficticio e irreal.


Aquel verano, cuando finalmente la escuela cerró sus puertas para dar comienzo a las vacaciones estivales, mientras todos los niños jugaban en la calle o en el parque, disfrutando del buen tiempo, Mateo solía quedarse en casa y subirse a la boardilla donde disfrutaba de su tesoro particular.


Nervioso y fascinado solía abrir lentamente la tapa de viejo baúl que, día tras día, le ofrecía todo tipo de increíbles objetos, el cual más maravilloso. Un día sacaba un extraño instrumento musical, de sonidos mágicos y cautivadores que lo tenían embelesado durante horas. Otro día sacaba una fantastica capa de reflejos luminosos que utilizaba para recrear un baile ficticio en un castillo encantado. Al día siguiente una espada y un sombrero le servían para entablar una terrible batalla contra los enemigos invisibles que poblaban su desván y que siempre compartían sus historias imaginarias.


Cada día un nuevo objeto salido del baúl, le hacia partícipe de historias casi reales, que acabaron fundiendo la realidad y la ficción en un solo espacio.


Un día Mateo al abrir el baúl se quedo aterrado, dentro no había nada, todos los objetos con los que tanto había jugado y disfrutado habían desparecido. Busco y rebusco dentro y fuera del baúl, pero nada, puso patas arriba todo el trastero, pero no apareció ni uno solo de los objetos deseados. La magia desapareció y el pobre mateo dejo de jugar.


Se quedaba durante horas y horas sentado delante del baúl esperando y esperando que en algún momento los maravillosos objetos con los que disfrutaba tanto volviesen.


Mientras los demás niños de su edad jugaban y se divertían en la calle, en el parque o en el río, junto con otros niños creando entre ellos sus propias historias de ficción y utilizando simples palos o piedras o cualquier otro objeto que cayese en sus manos, Mateo se sentaba delante del baúl esperando triste y solitario que éste le retornase alguno de sus fantásticos objetos.

El verano se acaba y la escuela se prepara para recibir de nuevo a los alumnos que han disfrutado de unas esplendidas y maravillosas vacaciones, todos menos uno, que sigue esperando sentado y triste, en el desván de su vieja casa, que un diabólico baúl le devuelva su imaginación perdida.

martes, 1 de diciembre de 2009

ENGENDRO MORTAL




─ Antes de perder la poca cordura que me queda, déjame contarte como llegué a esta situación tan delirante─ me largó, entre balbuceos y carcajadas histéricas, un pobre desgraciado.

Antes de que la historia se escriba por si sola, y convierta este relato en leyenda, voy a intentar narrarlo tal y como él me lo contó.


─ ¡La crisis! la maldita crisis global es la causante del desastre que afecta tan directamente mi maltrecha percepción de la realidad ─ comenzó diciéndome, el extraño personaje, con una voz desgarrada y casi inaudible.


Recuerdo perfectamente que en algún momento de la espeluznante narración, aquel pobre diablo me dijo su nombre, pero no consigo recordarlo, de lo que sí me acuerdo perfectamente es donde y cuando inició su propio y trágico descenso a los infiernos.


Me contó, de la manera más desgarrada, que mientras sus compañeros y él discutían en la cafetería de la empresa, como hacían casi todas la noches, un tema intrascendente sobre la posibilidad de que la realidad fuese en verdad un engaño urdido por una inteligencia perversa, tal como apuntaba Descartes en sus Meditaciones metafísicas, una alarma resonó por todo el edificio, dando inicio a la cruel y sangrienta masacre.

A esas horas de la noche en el edificio de oficinas solo se trabajaba en las plantas más elevadas, y justamente la cafetería estaba situada en a planta dieciséis, la ultima.


El escepticismo que reinaba en el ambiente se transformó en incredulidad y a continuación en una estampida histérica de terror, al apagarse completamente la luz del edificio, dejando a oscuras todo el bloque. El caos reinaba por doquier mientras se oían golpes y gritos ahogados. Algo terrible y desconocido tomó cuerpo entre las pocas personas noctámbulas que pululaban por la cafetería. El crujir de huesos rotos ponía los pelos de punta y tras los alaridos de dolor de la desafortunadas victimas, un olor a carne quemada saturaba el aire haciéndolo casi irrespirable.


Tembloroso y empapado en sudor, un cuerpo se agita convulsionado por espasmos agónicos de terror irracional. A través de la oscuridad un ruido se abre paso hacia él, un chirriar de metal conseguía que sus tímpanos vibrasen alocadamente, hasta hacerlos sangrar dolorosamente y a su vez desatando por todo su cuerpo un vendaval de adrenalina, que saturaba los músculos, impidiendo cualquier reacción lógica. El miedo petrificaba su cuerpo y le rasgaba el alma.


Los músculos agarrotados por el terror no le respondían, pero extrañamente su mente funcionaba al doscientos por cien buscando una salida, una escapatoria a este dantesco y terrorífico panorama que amenazaba con convertirle en carne picada y chamuscada.


Una luz de emergencia parpadeaba sobre la puerta de salida, reflejando como un faro en el infinito, una posibilidad de escapatoria. Con una agilidad y una furia desconocida, salio disparado hacia las escaleras de servicio.


Mientras corría atravesando la oscuridad, se golpeo varias veces contra mesas y sillas, se tropezó con cuerpos mutilados y descuartizados tirados por el suelo , se cayo, volvió a levantarse en un suspiro y con la fuerza renovada de quien ve la muerte cercana se abrió paso hasta la puerta con tanto ímpetu que rodó escaleras abajo.


Sin pararse para comprobar si el dolor que sentía en el tobillo y la clavícula era por algún tipo de fractura o herida abierta, siguió bajando las escaleras como alma que lleva el diablo. Cuando el corazón parecía que se le iba a salir por la boca se detuvo para coger aire y escuchar atentamente se algo o alguien le seguía.


En cuanto consiguió respirar más pausadamente afino el oído y pudo oír, para su pesar, como los alaridos y gritos de terror habían cesado, y un escalofrió recorrió su cuerpo al nota como la muerte sobrevolaba, silenciosa, sobre su cabeza.


Aferró fuertemente el pomo de la puerta y empujó, saliendo a lo que parecía el parking del edificio, se oriento como pudo en la oscuridad guiándose por los destellos intermitentes de algunas luces de emergencia, que aún conservaban parte de su energía, pero que amenazaban con extinguirse de un momento a otro.


Le extrañó no ver coches aparcados y empezó a temer lo peor, en su huida despavorida había bajado demasiado, llegando hasta los sótanos del edificio, los cuales albergaban, según se comentaba, una serie de laboratorios semiclandestinos, donde la empresa elaboraba varios de sus proyectos relacionados con el desarrollo de inteligencia artificial y de nanotecnología aplicada al software.


Una tenue luz azulada iluminaba una estancia contigua. Se acercó sigilosamente y al entrar se quedo aturdido al ver cientos de estanterías repletas de frascos alineados formando un inmenso panel de abejas, conteniendo en su interior una especie de liquido amniótico en el que permanecían sumergidas unas extrañas y espantosas criaturas, ¡qué se movían!


De repente al percatarse las criaturas de la presencia humana comenzaron a emitir unos extraños sonidos al tiempo que se golpeaban violentamente contra los frascos que las contenían, tratando de liberarse. Algunos frascos se volcaron cayendo al suelo y rompiéndose en mil pedazos, liberando a estas criaturas, que al contacto con el aire comenzaron a mutar trasformándose en algo diferente y más horrible todavía.

La simple idea de que un ser hibrido formado de carbono y metal pudiera existir era inconcebible, pero lo tenia delante de sus propios ojos y por más que intentara negar la evidencia, la realidad demostraba que el ser humano podía darse por extinguido si esta nueva especie conseguía emerger a la superficie.


Las diferentes criaturas se fueron uniendo, mientras un engendro diabólico iba cogiendo forma, rápidamente todas las criaturas fueron absorbidas, o mejor dicho fusionadas, formando un ente vivo e inteligente, que pronuncio una frase que le heló la sangre.

─“Cogito, ergo sum”─ dijo la monstruosa aberración, con una voz metálica, la abominación tenia consciencia de sí misma, la afirmación “pienso, luego existo” solo podía provenir de una mente desarrollada e inteligente, ─ estamos jodidos ─ consiguió pronunciar el pobre desgraciado, antes de ser descuartizado en vida.


Cuando por fin conseguimos entrar en el edificio en llamas, ya poco se podía hacer, la mayor parte de éste se había calcinado, solo la parte del subsuelo parecía haber aguantado el incendio.

Después de muchos esfuerzos conseguimos desescombrar la escalera de acceso a lo que parecía un laboratorio subterráneo. La estrechez del pequeño acceso horadado entre los escombros, solo permitía el paso de un hombre, por lo que me despojé del equipo innecesario y me dispuse a penetrar al interior del recinto.


Arrastrándome sin apenas luz, pude distinguir una figura humana tendida en el suelo, me acerqué para socorrerla pero en seguida me di cuenta de que sus terribles heridas eran mortales de necesidad y mientras intentaba administrarle una dosis de morfina para que no sufriera, los que eran sin duda los últimos instantes de su vida, el pobre moribundo me relató su trágica y terrorífica historia.

Ahora sentado aquí delante del ordenador, acabada mi jornada de trabajo en la brigada de bomberos, pongo por escrito en este blog la fantástica historia que me contó un pobre desdichado de nombre olvidado.

domingo, 8 de noviembre de 2009

EL ELEGIDO




Suena un estruendo espelúznate y ensordecedor, el rugido de miles de voces, gritando al unísono, tratando de aterrorizar al enemigo y a la vez buscando arrinconar sus propios miedos. Un estallido metálico, de acero contra acero, sustituye al sonido grave de las gargantas que, seccionadas y desgarradas, aportan un nuevo murmullo al combate.

Miembros arrancados, terribles cuerpos violentados por miles de armas afiladas, huesos aplastados, heridas abiertas que dejan al descubierto entrañas sanguinolentas. Una orgía de caos y destrucción escenifica la verdadera esencia del mal, que campa a sus anchas por la tierra, consiguiendo corromper, con demasiada facilidad, al ser humano.

El fragor de la batalla alcanza su punto más álgido.


Mis brazos se han convertido en dos pesadas losas con voluntad propia, guiados por una energía ajena a mí. Me falta el oxigeno, pero no hay tregua posible, un pequeño respiro para coger aire y bajar los brazos significa, sin duda, una muerte rápida y dolorosa, por lo que continúo golpeando a diestro y siniestro, cercenando miembros, arrancando cabezas, descuartizando cuerpos. La sangre lo inunda todo, la muerte navega en un mar de violencia y se abre paso a golpe de espada hacia un océano de horror y destrucción.


Algo me golpea en la cabeza, un instante de duda y me desplomo, oscuridad, un tenue murmullo y silencio. La última sensación me llega del sabor metálico de mi propia sangre.


Un crepitar de sonidos macabros y mortecinos se extiende en la lejanía, componiendo una escalofriante y terrorífica sinfonía, que lo inunda todo.

El eco de miles de alaridos desgarradores continúa martilleándome los oídos, mientras recupero la consciencia.


Mi mente confusa no asimila la irrealidad de los sucesos en los que he participado y la terrible realidad en la que me encuentro.


No consigo distinguir nada coherente a mí alrededor. Los sentidos, refugiados en lo más profundo de mis entrañas, emergen lentamente y mi cuerpo entumecido y dolorido va recuperando las sensaciones. Un nauseabundo olor impregna el ambiente y golpea con fuerza mi estomago, vomito salvajemente toda la adrenalina acumulada, y parte de mi humanidad se desparrama sobre una montaña de cuerpos descuartizados.


Hasta donde la vista alcanza, una horrenda alfombra de cadáveres se extiende a mis pies, amontonados y esparcidos caóticamente, formando un mosaico escalofriante de un intenso color rojo.


Poco a poco la sangre se coagula y se oxida, adquiriendo un tinte más oscuro, casi negro, confiriendo a la muerte un tono más solemne.


Arrastro, pesadamente, un maltrecho escudo, arrancado a un enemigo en plena batalla, protección inocua frente a las almas errantes que me atraviesan violentamente en un ciego empeño por continuar vivas. Dejo caer pesadamente el escudo aplastando un cráneo decapitado.


Miro alrededor tratando de localizar mi vieja espada, sin ella me siento desnudo. La veo incrustada en el pecho de un enemigo, me acerco y la sujeto con fuerza, el cadáver aún con los ojos abiertos y un rictus agónico en su rostro, me mira suplicando desde el más allá, que lo libere del acero Xemita, forjado en lo más profundo de las míticas minas Samlom. Apoyo mi pie sobre el cuerpo frió e inerte y tiro con fuerza de la espada, que sale rasgando carne y huesos, liberando el alma inmortal del guerrero Sardo.


La espada es parte de mí y al empuñarla de nuevo la energía que irradia, fluye por mi cuerpo regenerándolo milagrosamente. Levanto la mirada hacia el oscuro cielo y alzando la espada por encima de la cabeza, entono el cántico del triunfo, el himno milenario que los guerreros Kree, mi pueblo, ofrendan al dios Thork, después de salir victoriosos de una batalla.


Mi alma de guerrero se siente orgullosa por la hazaña, y añado para gloria de mi casta, otra batalla a la historia, dando gracias al Dios Tork por mantenerme con vida.


Los gemidos agónicos se ahogan en las gargantas de los pocos moribundos supervivientes, presas indefensas de multitud de carroñeros, que hacen acto de presencia sobre la marea de cuerpos en descomposición.


Lentamente me alejo del campo de batalla y oriento mis pasos, firmes y seguros, hacia el río de aguas claras y purificadoras, donde me limpio el sudor y la sangre, al tiempo que recapacito sobre lo sucedido.


Cuatro mil valerosos guerreros se han batido, a sangre y espada, en una mortal batalla sobre tierras Sardas, por el control del Cuenco Sagrado del dios Amon. Extrañamente, solo yo he sobrevivido. Se ha cumplido, de esta manera, la profecía que predijo el viejo y loco chaman de la aldea, antes de que partiese en busca del secreto del Fuego Azul.


Las leyendas más antiguas que se conocen cuentan que, cuando los dioses llegaron a nuestro planeta, se quedaron maravillados por su belleza y decidieron dejar de vagar por el universo, y durante milenios este planeta fue su hogar.


Con el conocimiento y la técnica que poseían construyeron inmensas ciudades y monumentos que han perdurado hasta nuestra época. También nos crearon a nosotros, imperfectos y débiles humanos, para servirles, y así lo hicimos durante milenios, hasta que un día se fueron y nos dejaron a merced de nosotros mismos.


Desde entonces la historia del hombre se ha escrito a sangre y fuego.


Fuimos puestos en este planeta para servirles, pues ése era nuestro destino. Al desaparecer los Creadores, desapareció con ellos nuestra razón de existir, y desde entonces las vidas de las generaciones pasadas, las nuestras y posiblemente las futuras, permanecen vacías, ya que el simple hecho de sobrevivir no las llena.

Unos pocos conocedores de las maravillas que nos legaron los dioses, afirman que el Fuego Azul da el conocimiento y puede revelar, al que lo posea, el verdadero destino y objeto de la vida.


Yo y tres guerreros más, fuimos elegidos para buscar y hallar la reliquia sagrada, la cual debe ser llevada, a cualquier precio, hasta nuestro hogar, para que nos muestre, el nuevo destino al que debe enfrentarse la raza humana.


De momento el mío fue marcado al rojo fuego en mi antebrazo, la cicatriz en forma de llama me recuerda constantemente cual es el objetivo que guía mis pasos.


Recojo mi espada y la ciño al costado, me coloco la piel del oso gris que mate en la cordillera Xemita, el cual espero que me proteja del gélido viento que azota las montañas norteñas, y llenando de agua mi cuenco de viaje dirijo mi destino hacia las Rocas de Samir, la aldea mágica de los Druidas, que me espera al otro lado del macizo rocoso de Slaum.


De nuevo he vuelto a eludir a la ancestral y eterna Muerte.

sábado, 24 de octubre de 2009

LA MALDICIÓN



Cuando el sol se pone en el horizonte y las sombras se alargan anunciando la llegada de la noche, todos los aldeanos corren atemorizados a refugiarse en la falsa seguridad de sus hogares, cerrando puertas y ventanas, al tiempo que echan mas leña al fuego esperando de esta manera que las llamas que salen por la chimenea ahuyenten a los malos espíritus, los cuales llevan días rondando la aldea.


Antaño la aldea fue un prospero puerto de pesca que daba amarre a muchos barcos de la zona, pero desde que los bucaneros y piratas de los mares del norte decidieron utilizar los alrededores para esconderse de la flota militar, que trataba de capturarlos y hundirlos, la aldea callo en desgracia.


Cuando finalmente los filibusteros fueron apresados y aniquilados, la calma retorno a la aldea y durante un tiempo todo volvió a la normalidad; hasta que un día unos niños jugando en las cuevas, bajo los acantilados, descubrieron lo que parecían unas tumbas de piratas. Rápidamente los aldeanos comenzaron a murmurar que quizás el tesoro escondido del pirata barba sucia podía estar oculto en esas tumbas y se dispusieron a desenterrarlo.


Después de abrir varias tumbas, encontraron en una de ellas parte del tesoro escondido y junto a el un pergamino que advertía: “este tesoro pertenece a la cuadrilla de los amotinados, si alguien intenta llevárselo, una terrible maldición caerá sobre su cabeza".


La codicia finalmente pudo más que el miedo y los aldeanos se apoderaron del tesoro. Cuando llego la hora de repartir el botín los aldeanos no se pusieron de acuerdo y el brillo de la avaricia se vio reflejado en sus rostros y la ruindad humana afloro en forma de violencia. Las peleas y las trifulcas se extendieron como la pólvora por la aldea y como un río teñido de rojo las calles se llenaron de sangre.


Desde entonces se han abatido sobre la aldea espeluznantes acontecimientos y terribles sucesos que han hecho que a la pequeña aldea se la conozca como: la aldea maldita.


A raíz de estos acontecimientos los aldeanos decidieron devolver el tesoro al lugar al que pertenecía y taparon la entrada de la cueva de los piratas, para que nadie más pudiera en tiempos venideros, desenterrar de nuevo el tesoro maldito.


De esta manera desapareció la maldición y durante años estuvo tranquila la aldea, pero esa tranquilidad parece que se ha roto y los espíritus malvados de los piratas andan sueltos clamando venganza.

miércoles, 14 de octubre de 2009

EL BOSQUE PERDIDO





Cuentan las leyendas que en todos los paramos inhóspitos del planeta suele existir un bosque perdido, aterrador, generador de historias macabras y en el que hasta los más valientes guerreros han sentido alguna vez como se les erizaba la piel de la nuca al adentrarse en su tupida maleza. Ésta al principio te alienta a entrar y al poco se cierra alrededor de ti engulléndote como si fueran las fauces de un lobo, dejándote desorientado en una continua penumbra y en un absoluto silencio, que es quizás lo que más miedo da, incluso más que la falta de luz, ya que los rayos del sol quedan absorbidos por la espesa hojarasca que impide que penetren hacia el interior del bosque.


Con la tenue luz y el silencio sepulcral, los sentidos se ven afectados y la imaginación comienza a arrinconar la realidad, haciéndose dueña y señora del protagonismo existencial y engañando a los sentidos, conformando una realidad paralela que, será la que forjará las grandes historias de miedo y terror que envuelven a muchos de nuestros bosques perdidos.

La realidad y la ficción se funden hasta tal punto que los acontecimientos que transcurren dentro de estos agujeros negros de la realidad se convierten rápidamente en relatos terroríficos que perdurarán en el subconsciente humano durante generaciones.

Y aunque hay muchos incrédulos que desafían las creencias más arraigadas en los pueblos rurales, acaban sucumbiendo al irracional miedo que representa un bosque perdido, en un páramo inhóspito de cualquier punto de nuestra geografía.

viernes, 25 de septiembre de 2009

LLUVIA MALDITA




La lluvia cae a mi alrededor empapando un paisaje desolador. En algún rincón de mi maltrecha memoria, unos recuerdos casi olvidados emergen con dolorosa claridad y me hacen retroceder en el tiempo, hasta una lejana y añorada existencia.

Los recuerdos fragmentados, me inundan la mente de sensaciones: el olor a tierra mojada, el sonido de la lluvia al caer sobre las ramas de los árboles, aquel sentimiento de paz que me embriagaba al notar sobre mi cara las miles de gotas que como suaves caricias me purificaban el alma.

Me encantaban los días de tormenta, tenia la sensación de que la lluvia calaba hasta lo mas hondo de mi ser y arrastraba a su paso, milagrosamente, toda la angustia acumulada, la desesperación que me invadía, el dolor de relaciones rotas, la desesperación y la tristeza que siempre me acompañaba. La lluvia dejaba mi alma limpia y serena, al menos durante en largo tiempo.
Siempre esperaba con alegría la llegada de la tormenta. Daba igual si era aguacero o chaparrón. Pero, la prefería con multitud de rayos y truenos, así parecía que alejaba a los malos espíritus.

Los mejores recuerdos que conservo se produjeron siempre en días lluviosos. Por desgracia los peores también.

Recuerdo la sensación que tuve cuando aprendí a ir en bici. Mi padre, que era la única familia que me quedaba, me aplaudía y me animaba desde el porche de casa y yo empapado bajo la lluvia, recorrí completamente solo casi media calle. Fue mi primer triunfo. Tenía tan solo cinco años.

Diez años después mi padre murió en un accidente. El acelerador de partículas de la universidad donde trabajaba tuvo una anomalía y doce científicos, entre ellos mi padre, murieron. Yo estaba en el instituto, intentando declararme a mi primera novia. Llovía a mares y los rayos caían iluminando el cielo y llenando el aire de electricidad estática. Dos adolescentes enamorados, bajo un portal, las hormonas desatadas. Mi segundo triunfo.
Amor y lluvia.

Allí mismo recibí la noticia de la muerte de mi padre.
Dolor y lluvia.

El tiempo transcurría rápidamente. Llego la universidad y más tarde el doctorado en física. Mi primer trabajo fue como ayudante técnico en la planta nuclear. Ya no contaban los triunfos, ahora tenia claro mi objetivo. Seguir los pasos de mi padre.
La ciencia me atraía y en especial la física de partículas.

¡Malditos recuerdos!, no consigo quitármelos de encima. Ahora veo claro que toda mi vida ha sido una tremenda equivocación. Cuantos errores. Cuanto tiempo desperdiciado. Si lo hubiera sabido antes, ¡joder!

Ahora no hay tiempo para lamentaciones, la lluvia acida cae con mortífera insistencia y este parapeto no me protegerá eternamente.

La oscuridad que me envuelve, solo se rompe con el estallido cegador de los rayos al quemar el aire a su paso. Las tormentas se han hecho más violentas en los últimos días. Cientos de rayos caen sin piedad sobre lo que antaño fue una majestuosa ciudad.
Soledad y lluvia.

La lluvia trae la muerte. Después del incidente, todo se fue a tomar por culo y los pocos que conseguimos sobrevivir, nos arrastramos como almas en pena, protegiéndonos de la maldita lluvia. Los altos niveles de radiación que escaparon a la atmósfera, convirtieron el planeta en un infierno.

Estoy aquí, acurrucado y tembloroso intentando que el agua no me toque y soñando con aquellos días en los que la lluvia era una bendición. Nunca se valora suficiente lo que se tiene fácil. Ahora me doy cuenta y maldigo en voz alta. No creo que tarde en morir. Intento dormir y rezo para que la tormenta pase.
Muerte y lluvia.


Parte de una novela que empecé hace tiempo… en un día que llovía que te cagas.

lunes, 21 de septiembre de 2009

LOS ALUMNOS MODERNOS






En la escuela maltratada por los años, deambulan unos seres extraños y peligrosos que se dedican a destruir sistemáticamente las partes más vulnerables y desprotegidas del inmueble educativo.

Los papeles en el suelo denotan su falta de respeto por el medio, las pintadas en las paredes marcan su territorio y las rayadas en los pupitres crecen multiplicadas exponencialmente por su falta de atención.

Las persianas maltrechas no dejan ver claramente el exterior y los cristales saltan hechos añicos igual que las esperanzas depositadas en un futuro incierto.

El edificio educativo que representa la escuela sucumbirá a la rabia acumulada pese a los muchos esfuerzos que se dediquen a su conservación y restauración. Finalmente maltrecho y agotado, acabara por claudicar ante el aplastante mar de fondo de la desidia.

Como almas en pena los alumnos recorren las aulas año tras año dejando sus huellas en todos los rincones, para desgracia de las generaciones posteriores, de las cuales se espera en vano que en su paso por la educación absorban los conocimientos, las responsabilidades y un poco de la ética necesaria para dejar de vomitar continuamente frustración, agresividad y falta de empatia hacia los demás, sean personas u objetos.

Pese a todo un grupo de personajes valerosos e inquebrantables los profesores y otros más audaces los conserjes, luchan aun con ahínco por mantener el equilibrio en la fuerza y sacar lo mejor de todo esto.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

GUSSY EL HÉROE DEL PLANETA PELOPÓN






Hace muchos pero que mucho tiempo existía en los confines más alejados de la galaxia, un extraño planeta verde al que llamaban Pelopón, en ese maravilloso mundo de color vivían unas extrañas criaturas que tenían por nombre los pelopaja.

En el país de los Pelopaja siempre estaban cantando y bailando y celebraban unas fiestas impresionantes que duraban varios días y todo el mundo se lo pasaba fenomenal, incluso a veces venían habitantes de otros países cercanos para divertirse, unas veces eran los Peloverde o los Pelosuave y otras eran los Pelocorto los que se apuntaban a la fiesta y se lo pasaban estupendamente.

Una vez al año todos los habitantes del pequeño planeta verde se juntaban para celebrar la gran fiesta de la amistad, ese año un pelosuave llamado Gussy fue elegido como el más listo de todos los habitantes de Pelopón y se hizo una gran fiesta en su nombre.
Pero no os penséis que todos los habitantes de Pelopón eran buenos y les gustaba bailar y cantar, los Polopincho eran los más malos y feos del planeta y siempre estaban buscando la manera de estropear las fiestas. º

Los Pelopincho llevaban tiempo sin molestar a sus vecinos y estos ya no se acordaban de lo malos que podían llegar a ser por lo que cuando empezó la lluvia de meteoritos a los pobres les pillo desprevenidos.

Al principio les pareció que caían del cielo pero al poco se dieron cuenta que los estaban lanzando desde grandes catapultas, la fiesta se torno en tragedia y todos corrían despavoridos buscando un lugar donde cobijarse de la lluvia de fuego que se les caía encima. Por todos lados caían bolas de fuego que amenazaban con destruirlo todo, solo había un pelopaja en pie desafiando valientemente la lluvia de meteoritos y ese era Gussy del clan de los pelosuave el héroe del día, el mas valiente de todos los habitantes del planeta Pelopón, rápidamente ideo un plan para defenderse de los Pelopincho y sin perder tiempo llamo a varios de sus compañeros y les hizo traer unas grandes camas elásticas que se estaban utilizando para que los niños se divirtieran en la gran fiesta anual y que ahora utilizarían para hacer rebotar las bolas de fuego que los Pelopincho estaban lanzándoles.

Para que no se quemasen las camas elásticas las recubrió con pieles de oso que eran muy resistentes y comenzó a moverlas en todas las direcciones en las que caían los meteoritos que al chocar con la cama elástica saltaban rebotados hacia el lugar de donde habían salido y de esta manera destruían las catapultas, la idea era genial y Gussy acabo con todas dejando a los pelopincho sin sus armas, por lo que estos salieron corriendo a esconderse en las cuevas donde vivían y de las que no salieron en mucho tiempo.

De esta manera el mas inteligente y valiente de los Pelosuave se convirtió en un héroe del que se escribieron canciones, se compusieron poemas y al menos una vez al año en la gran fiesta se contaba la historia de Gussy el héroe de Pelotón.

BUSCANDO UN NUEVO PLANETA





Hace mucho, mucho tiempo en un planeta llamado la Tierra vivían unos extraños seres muy pequeños, no eran insectos, ni plantas, ni dinosaurios, tampoco eran personas pero se parecían bastante. Durante mucho tiempo convivieron junto a nosotros, pero un día sin saber porque desaparecieron de repente sin dejar ni rastro, durante cientos de años nadie volvió a saber de ellos y su recuerdo casi desaparece de la memoria de los hombres, hasta que un buen día regresaron y nos contaron su historia.

Resulta que en una época antigua, el planeta Tierra era lo suficientemente grande para todos, pero con el paso del tiempo las personas cada vez eran mas y mas y el planeta empezaba a quedarse pequeño, alguien pensó que si eliminaban todos los animales y las plantas del planeta habría mas sitio para las personas y se pusieron manos a la obra, al poco tiempo ya no quedaban animales ni plantas en el planeta, la gente no tenia nada que comer y cada vez había mas gente y menos comida, llego un momento en el que no cabía nadie mas en el planeta y entonces un pueblo, el de los Hypis decidió buscar otro planeta al que ir a vivir. La idea era construir una nave que viajase por el espacio en busca de otro planeta parecido a la tierra, todos se pusieron a trabajar sin descanso y al cabo de un año ya tenían lista la nave que saldría en busca del Planeta desconocido.

Mientras tanto las personas seguían viviendo sin preocuparse de cómo solucionar un problema que se hacia cada vez mas difícil de arreglar.

La nave Hypi ya estaba dispuesta para despegar, cargada con toda la comida posible y los siete tripulantes que serian los encargados de buscar el planeta desconocido, la búsqueda podía durar muchos años y por eso todos los Hypis que se quedaban decidieron meterse en una cueva e hibernar, como hacen los osos, para de esta manera no tener que comer ya que casi no quedaban alimentos en el planeta.

Paso el tiempo y en un caluroso y soleado día de verano, la antigua nave que partió en busca de un planeta salvador, regresaba a la tierra para recoger a los Hypis que se quedaron atrás a la espera de ser rescatados.

Por desgracia, de todos los Hypis que se quedaron en la cueva aquel día de hace tanto tiempo, solo consiguieron sobrevivir dos, Ron que era el mayor y Jarol que era el mas joven, un triste balance para un pueblo moribundo., pese a ello los Hypis venidos de otro planeta estaban muy contentos por haber encontrado con vida a dos de los suyos, ya que pensaban que no quedaría nadie después de tantos años.

- la misión a sido un éxito - comentaba por radio un tripulante de la nave en conexión con su planeta
- hemos encontrado supervivientes, cambio-
- perfecto, estupendo- comentaban entusiasmados los habitantes del nuevo planeta,- estamos deseando que lleguen aquí, cambio y corto-

La misión había sido un éxito y la vieja raza de los Hypis continuaba existiendo pese a todo, aunque en un nuevo planeta y finalmente los dos últimos Hypis terrestres se subían a la nave para volar hacia su destino final.

Aquí en la tierra los problemas continuaban y ya quedaban pocos humanos, pero para los Hypis esta ya no era su historia, los habitantes de la tierra ahora se quedaban solos.

LA SIESTA





Cuando en el país del sol naciente apretaba el calor los nativos del lugar solían echar largas siestas a la sombra de las palmeras, esta costumbre ya venia de sus antepasados y se remontaba posiblemente al principio de la era del cansancio.

Cuenta la leyenda que hace mucho pero que mucho tiempo se abatió sobre la tierra una terrible tempestad de arena y viento que dejo el planeta envuelto en una gruesa capa de polvo que impedía que los rayos de sol pudiesen entrar para iluminar a los asustados habitantes del planeta, la falta de luz sumergió al país del sol naciente en una larga y terrorífica noche que duraría mas de mil años.

Durante esa época de oscuridad la noche y el día no se diferenciaban ya que siempre estaba oscuro y nadie podía saber si realmente era de noche o de día, por lo que cada uno se iba a dormir cuando tenía sueño y se levantaba cuando ya no lo tenía.

De esta manera estuvieron viviendo durante mucho tiempo hasta que vieron que así no podían seguir y se pusieron a pensar una manera de saber cuando era de noche y cando de día.

Después de mucho pensar idearon un sistema que consistía en construir una tubería muy larga que llegase hasta las espesas nubes de polvo que envolvían al planeta y las atravesasen de manera que colocando un espejo en la punta la luz del sol se reflejaría a trabes del tubo hacia el suelo saliendo los rayos de luz por la otra punta de la tubería.

El invento después de muchos problemas funciono y de esta manera un pequeño rayo de luz salio del tubo iluminando de esta manera las ilusiones y la vida de los habitantes del planeta oscuro.

La noticia corrió como la pólvora por todo el planeta y los demás países se pusieron a construir tuberías, que al poco tiempo inundaron el paisaje, convirtiéndolo en una gigantesca telaraña por donde la luz bajaba para iluminar al planeta.

De esta manera tan original la gente sabía cuando era de día y de noche, pero cuentan que un día un pájaro se poso en la punta de una de las tuberías y tapo la luz que bajaba por el tubo, por lo que los habitantes del país del sol naciente se pensaron que era de noche y se fueron a dormir, al poco rato el pájaro se marcho y la luz volvió, desconcertando a los habitantes que se despertaron y siguieron con sus rutinas diarias. Al día siguiente, a la misma hora otro pájaro se poso sobre el tubo y la luz dejo de llagar, por lo que de nuevo los habitantes se pusieron ha dormir pensando que se había hecho de noche, pero como el día anterior al poco rato el pájaro se marcho volando y la luz ilumino a los que estaban durmiendo que se despertaron y continuaron con sus cosas, esto se repitió durante mucho tiempo hasta que se convirtió en una cosa habitual.

Con el tiempo la nube de polvo que envolvía el planeta fue desapareciendo y los tubos de luz abandonaron el paisaje planetario, dejando tan solo como un recuerdo los mil años de oscuridad que asolaron el planeta.

En la actualidad lo único que queda de esa época el la costumbre ancestral que hay en algunas zonas de nuestro planeta de echar, la siesta.

LA CREATIVIDAD POR NECESIDAD.







La creatividad por necesidad. Todo comenzó aquella fatídica noche del mes de diciembre de principios de siglo, cuando al ir a leerle un cuento infantil a mi hijo, como solía hacerle todas las noches durante los últimos dos años, me encontré que ya había leído todos los cuentos que tenia en casa y para salir del paso le intente colar uno que ya le había contado anteriormente, cosa que no paso desapercibida por la prodigiosa memoria que tienen los críos a estas edades y que por desgracia al hacerse mayores pierden rápidamente. Ante la insistente exigencia de mi hijo por que le leyera un cuento quise improvisar una historia con la que salir airoso, cosa que conseguí por los pelos. La noche siguiente no tuve tanta suerte y el cuento no tubo ni pies ni cabeza y se diluyo en un mar de criticas infantiles, que suelen ser crueles pero ciertas, en ese momento me prometí a mi mismo no volver a improvisar y tratar de escribir unos cuentos medio decentes para poder contar a mi hijo durante esa frías y largas noches de invierno.
Los días se hicieron largos y las historias cortas pero al final pude escribir alguna que otra cosa para poder leerle a mi hijo y pese a todas mis limitaciones he conseguido que varios de estos cuentos le gusten y le hagan reír.

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